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Hay que quitarse el sombrero con Santi Cazorla

Santi Cazorla, en la celebración del Oviedo

Santi Cazorla, en la celebración del Oviedo / Marcos León / LNE

Qué pena que algunas leyendas del fútbol se hayan perdido experiencias como la de Santi Cazorla por dinero. En un momento donde colgar las botas va cada vez más ligado a un 'megacontrato' en Arabia Saudí, Qatar, Estados Unidos -hace unos años, en China-, ver lo que está viviendo Cazorla, a sus 40 años, con su querido Real Oviedo, es un acto de amor en un deporte ultramercantilizado. Una despedida con sentido. De las de verdad.

Podría haberse quedado en Qatar o poner rumbo a cualquier otra liga exótica, como tantos otros jugadores, a seguir engrosando su cuenta bancaria a cambio de diluirse entre flashes y jugar en estadios medio vacíos. Pero no. Eligió volver a su casa. A un equipo de Segunda. A un club al que pocos miraban, porque llevaba sin pisar Primera 24 años, pero que para él lo era todo.

Cazorla, en la celebración del ascenso del Oviedo

Cazorla, en la celebración del ascenso del Oviedo / EFE

Y no fue solo un gesto simbólico: lo ascendió. Apareció en los momentos clave y sufrió desde el banquillo como un aficionado más cuando las piernas ya no le daban para ayudar sobre el césped. Y ahora, renueva para jugar en Primera con el club de su vida. Con el equipo donde empezó todo, y donde acabará. Eso no lo iguala nada. Mucho menos una cifra económica, por muchos ceros que contenga.

En los tiempos que corren, tiene un valor incalculable. La carrera del futbolista es corta, los contratos millonarios son tentadores... Sí, cada uno es libre de hacer lo que quiera, solo faltaría. Pero ojalá más jugadores eligieran despedirse del fútbol con el corazón, como Cazorla, en vez de hacerlo con la camiseta de un club que no significa nada para ellos.

Santi Cazorla devolvió al Real Oviedo a Primera División

Santi Cazorla devolvió al Real Oviedo a Primera División / X

El dinero puede comprar muchas cosas, pero nunca una ovación sentida de tu gente, las lágrimas de una ciudad entera por volver a lo más grande o el calor de casa, el del verdadero hogar. Tampoco el privilegio de marcharte por la puerta grande, dejando un hito histórico. Lo de Santi Cazorla no es solo una historia bonita. Es una lección. Al fútbol y a la vida. A vivir sintiendo, escuchando al corazón.

"Con 40 años creo que ha sido lo más bonito que he vivido", reconocía el centrocampista tras lograr el ascenso. Dos Eurocopas, cuatro títulos con el Arsenal, experiencias en Champions con Villarreal y Málaga… y aun así, Cazorla se queda con el ascenso a Primera. Con 40 años. Con todo ‘hecho’ en el fútbol. Porque no hay nada como cerrar una carrera en casa. Imagínense, además, hacerlo con un último baile en Primera.