La federación analizará la seguridad del clásico

Hay que jugar el clásico sí o sí

OPINIÓN

Ernest Folch

@ErnestFolch

Entre las ganas de boicotear de unos y el alarmismo de otros, el Barça-Madrid está sometido en estos momentos a la presión de una pinza en la que parece que los dos extremos comparten el mismo interés: que no se juegue y vuelva a aplazarse. Pero este escenario no solo no es planteable sino que no hay, todavía, ningún elemento objetivo que lo sustente mínimamente. Porque lo primero que hace correr peligro un acontecimiento es precisamente proclamar que corre peligro. Pues no. Porque, más allá de que se hayan convocado movilizaciones cuatro horas antes del partido, lo cierto es que a día de hoy no se conoce que las fuerzas de seguridad hayan alertado de ningún problema que impida disputarlo, ni mucho menos se puede estimar cuál es el peso real que tienen los que no quieren que se celebre el partido.

Porque hablamos mucho de los que quieren boicotear el partido pero muy poco de los que quieren asistir, normalmente, como hacen siempre, y que son evidentemente la mayoría aplastante. A veces la normalidad es lo que menos vende porque es lo menos espectacular, pero es justamente la normalidad más aplastante la que preside los días previos a este clásico en Barcelona, donde ya hace semanas que no se registra ningún tipo de incidente: normalidad en las calles, normalidad en la convivencia, normalidad en el dispositivo, normalidad incluso en las relaciones entre Barça y Madrid. Cierto, este partido no se celebra en ninguna burbuja sino en una sociedad donde hay tensiones y donde no es posible aislar la realidad política de cualquier manifestación política o cultural.

Pero lo mismo sucede en muchas otras partes del mundo, y no por eso se para la vida, que debe seguir, en la medida de lo posible, en su curso habitual. Aplazar otra vez el clásico, o desplazarlo a un campo neutral, sería premiar precisamente a los que buscan boicotearlo. Hay que jugar el Clásico sí o sí. Y para ello es necesario dejar de lado proclamas apocalípticas y reivindicar la fuerza de la normalidad. Quizás venda menos, pero sin duda es donde está la inmensa mayoría de la sociedad.

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