Opinión
¿Hay que preocuparse por el gesto de Flick?

El técnico del Barça analiza la victoria ante el Alavés / Perform
De la ilusión y el orgullo a la preocupación: así podrían resumirse las sensaciones que dejó el partido ante el Alavés.
Con el análisis que permite el paso de las horas y una digestión tranquila, queda el regreso del tridente de ataque (por más que Lewandowski no tuviera su día), la alineación inicial con nueve jugadores catalanes (dato a destacar, en estos tiempos de globalización despiadada); pero también queda la imagen del final del partido, con un Flick de mirada perdida y gesto preocupado mientras Raphinha intentaba animarle o consolarle. Ese gesto, la cara de Flick al final del partido, fue muy elocuente.
Ocurre a menudo en el Barça, un club y un equipo que viven 24/7 en el diván: no vale simplemente ganar, hay que ganar bien. No valen los tres puntos porque sí, hay que ganarlo con merecimiento, acumulando méritos y haciendo disfrutar a la afición.
Esa responsabilidad es un goce cuando las cosas van bien, pero puede ser una losa cuando el asunto se complica o el rival amenaza con estropear la tarde en un campo recién estrenado. Por eso el 3-1 dejó un regusto amargo: pesó más la cara de Flick que los goles de Lamine y Olmo, especialmente los de este último, necesitado de volver a sentirse importante en el equipo.
A Flick hay que reconocerle su sinceridad en todo momento: cuando algo no le gusta, no lo puede ocultar. (Lo hizo a comienzo de temporada, cuando se quejó de que los egos pueden liquidar un vestuario). Y está claro que a estas alturas de temporada, algo no le gusta.
Quizá el bajón físico estaba previsto, para volver a ‘resucitar’ a partir de enero (como ocurrió el año pasado), pero lo cierto es que el equipo transmite señales inquietantes. Para un aspirante a ganarlo todo no es normal acabar pidiendo la hora ante el Alavés. Para un aspirante a todo no es normal caer tan estrepitosamente ante el Chelsea.
Flick lo sabe, y en lugar de refugiarse en el vestuario, dejo que las cámaras grabasen su cara de preocupación después de ganar al Alavés.
Nada es casual en el fútbol de elite, y si el alemán dejó que esas imágenes circulasen por televisiones, páginas web y redes sociales es porque quiso enviar un mensaje al barcelonismo: ‘estoy preocupado, no me gusta lo que veo, pero intentaré arreglarlo’. El calendario le brinda además una ocasión inmejorable: el Atlético de Madrid visita mañana el Camp Nou.
Equipo siempre incómodo, ganar al Atlético con solvencia supondría una inyección de moral y de fe. El Barça necesita demostrarse a sí mismo que compite de tú a tú ante los grandes. Y tras un inicio lleno de dudas, el Atlético está ahora en una dinámica inmejorable: ningún rival mejor, por lo tanto, para que el Barça sea capaz de que el rictus de Flick sea un poco más optimista mañana a partir de las once de la noche.
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