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Hay que apostar por la Ryder Cup y/o la Copa América

El equipo New Zealand, durante la Copa América

El equipo New Zealand, durante la Copa América / AP

Barcelona se despide de la Copa América sin haberse decidido a organizar la próxima edición de la competición de vela más importante del mundo. Nueva Zelanda, como ganadora de la edición catalana, puede escoger sede para cuando haya un equipo dispuesto a retarlo y su primera opción es la de repetir en la Ciudad Condal, aprovechando que las bases de la carrera ya están puestas y que las condiciones, según han comprobado, son idóneas para defender el título.

O sea, Nueva Zelanda quiere repetir dentro de dos o tres años, pero Barcelona no se decide a asumir dicha organización pese a que se considera que ha reportado a la ciudad unos 1.000 millones de euros. Es una decisión económica, pero sobre todo política porque la organización de un torneo así, consideran algunos, resta votos por el engorro que supone para los ciudadanos dar cabida en su ciudad a tal movida de gente y de material. 

La lucha por la Ryder Cup

Por su parte, el espectacular campo de golf PGA de Caldes de Malavella lucha desde hace años para organizar la Ryder Cup de golf de 2030, un acontecimiento único cuyo impacto económico se cifra en unos 570 millones de euros a los que se suman otros 590 procedentes de los ingresos que generaría el turismo relacionado con el golf en la zona en los siguientes años, ya que siete de cada diez aficionados quieren jugar un día donde se disputó la Ryder Cup. 

Los pasos para organizar la Ryder Cup están muy avanzados. La zona de Caldes está repleta de hoteles que, en temporada baja, están por llenar y cuenta con un aeropuerto muy cerca (Girona) para asumir los muchos aviones que llegarían. Girona está lista.

¿Qué queda? Que los políticos (y no hablo de si ahora mandan unos y antes otros) den luz verde a dicha organización. Hay miedos, como en la Copa América, que les frenan. Si en el torneo de vela es la ocupación de una parte de la ciudad, en el torneo de golf está el miedo a que les digan que organizan torneos de golf cuando hay (o había) escasez de agua.

Arriesgar en las decisiones

Entendiendo que no siempre es fácil contentar a todo el mundo, la apuesta decidida por el deporte y, como consecuencia, del turismo en torno al deporte es una garantía de éxito. De la misma manera que Barcelona sueña con posicionarse de nuevo para organizar unos Juegos Olímpicos, es de recibo pensar que es necesario una apuesta decidida para quedarse estos otros campeonatos que están al alcance de la mano. Además, es mucho más creíble, factible, que Barcelona o Catalunya pueda apostar por una Ryder Cup o una Copa América que por la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno, tal y como intentó durante un tiempo.

Barcelona es una de las ciudades del mundo que más turistas recibe y España ya está ubicada en segunda posición en esta clasificación por países, pero hay que encontrar un modelo de turismo adecuado para que los beneficios acaben siendo mayores para los ciudadanos.

El turismo deportivo está lejos del turismo de despedida de solteros que a veces inunda las calles de las ciudades españolas, por lo que hay que tener claro a dónde apuntar para que el impacto sea el adecuado. Y el deporte nunca falla.