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Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Gustar y ser decisivo: cuando Lamine logra lo (casi) imposible

Belletti: "Lamine es un futbolista diferente"

Joan Represa

Hay jugadores estéticos y jugadores eficaces: futbolistas agradables de ver, pero que suelen perderse en el adorno; y futbolistas grises, pero tremendamente pragmáticos. Lo difícil es combinar ambas facetas: en un fútbol cada vez más exigente en lo físico, con los protagonistas convertidos casi en atletas, cuesta cada vez más encontrar a futbolistas que sepan deleitar y decidir partidos, todo al mismo tiempo. Jugadores por los que merece la pena pagar la entrada, como se suele decir.

Lamine Yamal pertenece sin duda a este tipo de jugadores. A la vista están sus cifras, propias de jugadores de alcance mundial. Y a la vista está también su capacidad de seducción, su capacidad para convertir el fútbol en un juego, en el más puro y lúdico sentido de la palabra.

Lamine juega para divertirse y de paso, decide partidos. Es el sueño de cualquier crío que da patadas a un balón en cualquier patio de cualquier colegio, en cualquier calle o descampado. No dejar nunca de divertirse. A la mayoría de futbolistas les ocurre precisamente lo contrario: en cuanto empiezan a competir, el fútbol se transforma en un asunto demasiado trascendental. Deja de ser un juego para convertirse en una obligación. En el mejor de los casos, en una profesión.

Con Lamine, esa parte del fútbol parece oculta. Entre sus muchas virtudes podríamos destacar una que en realidad es una obviedad: juega como si tuviera 18 años, porque realmente tiene 18 años. Ojalá siga jugando así cuando tenga 28.

Ahí reside buena parte de su encanto. ¿Sucedería lo mismo si no fuera tan decisivo? Probablemente no: el fútbol apenas admite el adorno por sí solo, si no va acompañado de resultados. A Lamine le toca ahora trasladar todo su talento a un gran escenario, la Champions. Más aún, en un país como Inglaterra, cuna del fútbol, guardián de buena parte de las esencias de este deporte.

Si logra quitarse la espina de Stamford Bridge y hacer un partidazo en Newcastle, habrá dado un enorme paso adelante.