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Guardiola desmonta el mito de las noches mágicas del Bernabéu

Bellingham ante el City

Bellingham ante el City / EFE

El relato era sencillo: decían que en el Bernabéu siempre pasaba algo para salvar al Real Madrid. Esta vez no fue así, el que ha mandado ha sido Pep Guardiola, que se ha llevado del templo blanco algo más que una victoria: la sensación de que el mito ya no asusta a los equipos que piensan y compiten hasta el minuto 90 y eso es un golpe directo a la creencia blanca por parte de alguien al que le tienen muchas ganas.

Xabi Alonso llegaba con ultimátum al partido y el resultado no le rescata, pero tampoco le hunde. Su Madrid no se ha caído como en otras noches sonrojantes, pero tampoco ha dado la talla que se le exige. Ha competido a ráfagas, ha corrido detrás del balón demasiados minutos y ha vuelto a depender de arreones individuales más que de una idea reconocible.

La coartada de Mbappé ni siquiera vale esta vez. Sin el francés, el Madrid ha parecido por momentos más equipo, menos esclavo del “ya lo solucionará el de arriba”. Pero ni el esfuerzo de los de siempre ni el orgullo del contexto han bastado ante un City serio, que ha tratado el Bernabéu como un campo más y ha olido sangre cada vez que el rival se partía.

Guardiola ha demostrado que su fútbol no es solo para la Premier ni para noches amables. Su City ha sabido enfriar el ambiente, dormir el partido cuando tocaba y golpear con una frialdad que contrasta con el histerismo blanco del tramo final. Mientras uno seguía el plan, el otro rezaba por el milagro de siempre. Esta vez no llegó.

Hasta el gesto final de Xabi, recurriendo a Endrick, habla de urgencia. Un futbolista del que casi nadie se acordaba, convertido de repente en último recurso al que agarrarse. Sí, el Madrid ha evitado el ridículo gracias a Courtois, pero eso no da puntos ni reflota la imagen del equipo.

Guardiola se lleva tres puntos, destroza el relato blanco y sigue triunfando a base de fútbol.