En una acción durante el partido contra el Sevilla

Griezmann no avanza como todos

OPINIÓN

Albert Masnou

Griezmann es una sombra de lo que fue y esta temporada, pese a la mejoría general del equipo, tampoco está logrando destaparse ni aportar al equipo todo lo que se esperaba de él. Ni con el viento a favor, Griezmann suma. En el partido contra el Sevilla tuvo la victoria en sus botas pero falló como un infantil. Dispuso de dos ocasiones y no llegó ni a chutar porque controló de forma pésima el pase letal de Fati y el de Araujo. Malos controles que denotan falta de confianza y poca fe en sus posibilidades.

El que fue líder del Atlético se diluye como un azucarillo en el Camp Nou. El francés llegó como gran estrella y va camino de ser suplente. Le quedan tres o cuatro oportunidades más porque la paciencia de Koeman no va a durar más. Es lo que tiene que ser porque el técnico holandés vino al Barça para acabar con eso de jugar porque tengo un nombre.Y Griezmann no responde en consonancia a esta jerarquía.

En el caso de no poder cerrar a Depay ahora (o en invierno), el Barça debe buscar soluciones (Fati o Braithwaite) porque al delantero centro se le pide peligrosidad y Griezmann es todo lo contrario. En las tres jornadas que se han disputado hasta ahora, no ha marcado ni un gol, no se ha ido de ningún uno contra uno y solo ha rematado en una ocasión a la portería rival. Un pésimo balance.

El futuro que le espera a Griezmann es complicado porque sus cualidades, que las tiene, son para jugar en un equipo que vaya a la contra y hacerlo en una posición que no es la de delantero centro. Griezmann no ha cuajado en el Barcelona porque es jugador de una sola posición, la de Leo Messi. Así pues, el error no es solo del francés sino también del porqué se le fichó.

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