Opinión

Colaborador de SPORT
Las grietas del Espai Barça

Deco, Hansi Flick, Lamine Yamal, Gavi, and Pedri, de visita con Laporta en las obras del Spotify Camp Nou / FCB
El pasado mes de octubre, en los días previos a la Asamblea de Compromisarios del FC Barcelona, el jefe de Deportes de El Periódico, Paco Cabezas, entrevistó a Ferran Olivé. Olivé es el hombre fuerte de la junta de Joan Laporta y el cerebro financiero detrás de operaciones clave como ISL, Aramark y Barça Studios. Durante el encuentro, el periodista le planteó una cuestión directa: «¿Qué papel tuvo Goldman Sachs en la adjudicación de las obras del estadio a Limak?».
La respuesta de Olivé fue categórica: «Trascendental. Se presentaron ofertas de varias constructoras y la sorpresa, al abrir los sobres, fue que la propuesta más baja era la de... Bueno, ya sabes que en un concurso se valoran muchos factores —técnicos, económicos y otros elementos—, pero el criterio definitivo acabó siendo el financiero, donde su oferta resultó la más competitiva. Goldman valoró la situación y nos dijo: "Yo no puedo plantear a mis inversores una opción que esté 400 millones por encima de esta. Debemos aceptar la oferta que sea mejor y que, además, cumpla con todos los requisitos para ejecutar la obra". Hay que tener en cuenta que Goldman es el responsable de los inversores, es quien los ha traído y quien tiene el máximo interés en que este proyecto se realice en tiempo y forma. Por lo tanto, fue determinante que en aquel momento dijeran: "Estamos absolutamente de acuerdo en que la adjudicación debe ser para Limak"».
Meses después, en enero de 2026, Jordi Costa y Sònia Gelmà entrevistaron en el magnífico programa ‘Tot Costa’ de Catalunya Ràdio a Jorge Alcover, director general de la división de Global Banking and Markets de Goldman Sachs. Al ser preguntado sobre si la firma financiera había tenido alguna influencia en la polémica elección de la constructora, la respuesta del máximo responsable de Goldman Sachs fue radicalmente distinta: «No. El concurso es del Barça. A nosotros simplemente nos notificaron en enero de 2023 que la empresa elegida era Limak. Con los datos que nos dan, nosotros estructuramos el proyecto, lo presentamos a nuestros inversores y ya está». Ante tal contradicción, cabe preguntarse: ¿quién miente, Ferran Olivé o Jorge Alcover?

Goldmand Sachs trabaja con el FC Barcelona para encontrar inversores en el Espai Barça / FCB
Para entender el escenario actual, conviene retroceder en el tiempo. El 9 de enero de 2023, la vicepresidenta Elena Fort fue la encargada de anunciar en rueda de prensa la elección de Limak. Entre sus declaraciones destacaron promesas firmes: «Las obras deben tener un precio máximo garantizado de 900 millones de euros; un tope que nunca podrá superarse y que, en todo caso, podría ser menor. Eso es lo que nos ofrece Limak Construction [...]. El objetivo del Barça es defender sus intereses, priorizando que la obra se ejecute con la mayor rapidez posible y al menor coste [...]. Volveremos al Camp Nou antes del 29 de noviembre de 2024 para celebrar nuestro 125 aniversario, y la entrega de la obra finalizada debe ser una realidad antes de junio de 2026 [...]. Limak garantiza los objetivos temporales y el precio establecido».
Tiempo después, en una entrevista concedida a La Vanguardia, el propio presidente Joan Laporta insistía en esa línea: «El Camp Nou nos costará menos dinero del previsto». Y añadía: «Si no logramos regresar en noviembre de 2024, habrá consecuencias económicas para Limak. La penalización más severa es de un millón de euros por cada día de retraso. Pero eso no pasará. Trabajan a muy buen ritmo y siempre cumplen con los plazos. Es uno de sus puntos fuertes».
A fecha de hoy, junio de 2026, la realidad es tozuda. Tal y como el propio club ha terminado confirmando a diversos medios de comunicación, existe una desviación presupuestaria muy importante. Diversas fuentes apuntan a que se necesitarán más de 400 millones de euros adicionales para poder terminar el Camp Nou. Esto obligará a solicitar una nueva inyección de capital a Goldman Sachs —quienes previsiblemente aceptarán encantados al tener garantizado el retorno de su inversión—, un movimiento financiero que deberá ser ratificado en una próxima Asamblea Extraordinaria.
Por supuesto, el argumento recurrente será que lo único importante es que el Barça disfrute de un estadio de película. Y así será (cuestión aparte será fiscalizar la calidad final de los materiales). Pero el fondo del asunto no es ese. El problema radica en que era un secreto a voces que resultaba imposible que Limak entregara la obra en la fecha pactada y con el presupuesto inicial. Cualquier experto sabía que un proyecto de esta magnitud acarrearía retrasos y sobrecostes. Sin embargo, la directiva se mantuvo inflexible en su discurso, asegurando que se terminaría antes y por menos dinero.

Vista del Camp Nou durante las obras de reforma, el año pasado. / EFE
El tiempo, juez inapelable, se ha encargado de desmontar todos los argumentos (¿mentiras?) esgrimidos para elegir a la constructora turca: no se han cumplido ni los plazos ni el presupuesto. Conviene recordar que en septiembre de 2022 se modificaron las normas del concurso para permitir la participación de Limak, que sorprendentemente presentó todo el proyecto en apenas tres meses para acabar ganando la licitación. Me sorprendió en su día que el resto de las constructoras no dijeran ni pío.
A excepción de Jordi Llauradó, que optó por dimitir, a nadie en la junta pareció importarle que la obra se acometiera con la financiación más cara de la historia del club, sujeta a unos intereses bancarios de entre el 5% y el 7%. Tampoco se consideró oportuno esperar a que se estabilizaran los mercados tras los efectos económicos de la guerra entre Ucrania y Rusia. Para colmo, la propuesta arquitectónica de Limak fue la peor valorada técnicamente por los propios expertos del FC Barcelona. Aun así, se le adjudicó el contrato. A partir de ahí, llegaron los recortes: se eliminó el videomarcador de 360º y se modificó la emblemática cubierta para abaratar costes y se aplicaron otros cambios estructurales que nunca se han explicado con transparencia.
Por si fuera poco, el tiempo ha confirmado lo que se sospechaba desde el primer día: la construcción del nuevo Palau Blaugrana nunca estuvo incluida en el plan financiero real. Levantar un pabellón multiusos como el prometido no bajará de los 400 millones de euros. Si con los 1.500 millones iniciales no hay suficiente para terminar el estadio, resulta lícito preguntarse cómo piensa el club acometer las obras del Palau y sus infraestructuras complementarias.
Vaya por delante el máximo respeto a todos los profesionales que trabajan en esta gran obra, esencial para el futuro económico del club y para el patrimonio de la ciudad de Barcelona: ejecutivos, arquitectos, ingenieros, operarios e incluso los propios directivos por las horas y el esfuerzo personal dedicado.
La cuestión central es de responsabilidad y transparencia: nada de lo prometido se ha cumplido. Ahora se buscarán excusas en el contexto geopolítico internacional, en los trámites del Ajuntament de Barcelona o se señalará lo que acabó costando el Santiago Bernabéu. Pero va siendo hora de que, al menos por una vez, alguien asuma lo que está pasando, entone el mea culpa y rinda cuentas. Sí, porque, al final, la fiesta siempre la acaban pagando los mismos: los socios.
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