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Messi

El gol que une a Messi con Picasso

OPINIÓN

Joan Mª Batlle

Hay momentos, acciones, goles en el fútbol que sin ser decisivos ni valer títulos tienen un valor que conviene analizar. No sé por qué, quizás porque estoy disfrutando como nunca con el juego de Messi, al que considero que está en el mejor momento de su carrera, que ya es decir, pero me quedó grabado el gol que consiguió en el campo del Eibar. Fue una jugada sencilla, de tres toques, pero que, a mi modo de ver, esconde casi todo lo que es Messi. O por lo menos, el secreto de su extraordinaria voracidad futbolística. Pongamos en marcha la moviola: minuto 50 de juego. Balón que recoge justo en el centro del campo, avanza unos metros, abre a la izquierda para Suárez y, justo en este momento, se produce el hecho trascendental: Leo empieza a correr como un poseso hacia el punto de penalti. Cuarenta, cincuenta metros, da igual, lo que importa es la decisión, el sprint sin saber si el esfuerzo tendrá recompensa. Leo corrió y corrió, como un juvenil que ha de ganarse un lugar en este oficio, como un debutante que aún no tiene la confianza del entrenador... Pero no, ese que corría mientras los demás miraban era el mejor futbolista del mundo. Él empezó la jugada y él quería acabarla. Tenía diseñada una obra de arte en su mente y no quería perderse el inmenso placer de plasmarla en el campo. Para eso contaba con la complicidad de Suárez, ese amigo del alma con el que se entiende apenas sin mirarse, una de esas conexiones fantásticas que ha hecho el fútbol y que se ha hecho realidad en el Barça. Suárez no le falló, se la puso allí donde Leo la quería, allí hasta donde llegó en el momento exacto para enviar el balón a la red con otro solo toque, magistral, divino, como todo lo que Leo hace. Un pase a la red, el culmen del fútbol.



Insisto, no fue el gol de su vida, pero sí un gol que nos define a Messi. No es normal ver a las grandes figuras correr como juveniles, sí, como debutantes. Utilizo los mismos conceptos para no faltar el respeto a nadie. En el Barça hemos tenido muchos ejemplos de cracks que se quedaron a medias por ahorrarse más de una carrera. Cracks, crackísimos, ¡eh! pero tampoco es cuestión de citarlos. Messi es de otra pasta y ahí reside su secreto. Vive por y para el fútbol. No tiene otra cosa en la cabeza, veinticuatro horas al día, siete días a la semana, 365 días al año. El futbolista total, como le definió ayer mismo Luis Enrique, sí, no está mal.

Llegados a este punto, quiero conectar ese gol, ese esfuerzo, esa actitud, esa motivación con la receta que dio otro genio para explicar el secreto del éxito. Pablo Picasso aseguró acerca de la inspiración que es algo que existe y no se sabe cuándo llega, pero que por si acaso, él procuraba que la inspiración le pillara siempre trabajando. No cabe mayor declaración de humildad. Messi ha adaptado esta filosofía al fútbol. Siempre atento, siempre concentrado, siempre motivado. Así, cuando la inspiración llega a su mente, la orden a las piernas es inmediata. A punto de cumplir los 30 años, estamos ante el mejor Messi. Sí, el futbolista total. Un futbolista que es feliz jugando al fútbol. Un futbolista que es imposible que se marche del sitio donde es feliz, donde tiene a los mejores a su lado, a compañeros que son amigos, con los que se divierte como si estuviera en el patio del colegio, donde no se hace mayor, donde la inspiración le llega disfrutando. El Barça es el único equipo del mundo donde podrá seguir creando obras de arte. Lo sabe él, lo sabemos todos. No es una cuestión de dinero, es imposible que se vaya.

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