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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

Gaspart, un anacronismo eterno

Veintidós años después de casi quebrar el club, el ex presidente ejerce de nexo extraño entre pasado y presente

El expresidente del FC Barcelona, Joan Gaspart

El expresidente del FC Barcelona Joan Gaspart / VALENTÍ ENRICH

No todos los socios del Barça son iguales: los hay con números bajos, los de toda la vida, y los mil más antiguos, que integran el Senado, un órgano de carácter honorífico y consultivo, otros que superan ampliamente el cien mil, acabados de llegar; están los abonados, los que no lo son y los que se arman de paciencia renovando cada año su presencia en la lista de espera; ex presidentes y ex directivos, compromisarios, los que exhiben su activismo en grupos de opinión y animación, los que aspiran a presidir el club y los que solo quieren ir al estadio a ver a su equipo; también los que prefieren el Palau Blaugrana y las secciones o todo a la vez. Luego está Joan Gaspart i Solves, que come aparte.

Joan Laporta y Joan Gaspart, en una imagen de archivo

Joan Laporta y Joan Gaspart, en una imagen de archivo / EFE

Fue fiel escudero de Núñez durante veintidós años, de 1978 a 2000, ejerciendo de vicepresidente, para convertirse en presidente tras ganar las elecciones de abril de 2000. Dimitió en julio de 2003 con el club instalado en una crisis institucional, social, deportiva y económica. Durante su mandato se gastó más de 33.000 millones de pesetas (casi 200 millones de euros) en fichajes que no dieron ni un solo título, se gastó el dinero recibido por la traición de Figo en Overmars y Petit y se vio obligado a regalar a Rivaldo al Milan porque no podía pagarle el sueldo.

Petit y Overmars, los fichajes en los que Gaspart se gastó el dinero ingresado por la traición de Figo

Petit y Overmars, los fichajes en los que Gaspart se gastó el dinero ingresado por la traición de Figo / J. MONFORT / Sport

Convirtió el Camp Nou en un polvorín de ambiente irrespirable que pidió su dimisión de forma insistente y protagonizó escenas esperpénticas en el palco con el “no me toques, dejadme solo” tras caer 0-3 ante el Sevilla y explotar la grada con una pañolada histórica. También rogó "per caritat cristiana" que no le increparan tras llegar de Vigo con el equipo. Fue Gaspart quien mejor se definió a sí mismo: "Soy el peor presidente de la historia". Nada que objetar. Cuando por fin se marchó, dejó un agujero económico enorme y Laporta prometió durante la campaña electoral que le hizo presidente en 2003 que levantaría alfombras, pero la mugre nunca vio la luz.

Van Gaal, Núñez y Gaspart, en una imagen de archivo

Van Gaal, Núñez y Gaspart, en una imagen de archivo / J. FERRANDIZ / Sport

Hoy, veintidós años más tarde, lejos de asumir que su tiempo ya pasó, sigue siendo parte activa y singular del entorno opinando sobre todo. Una parte importante de las nuevas generaciones de culés aplauden sus inofensivas embestidas antimadridistas y su defensa del Barça. Los más veteranos, en cambio, no olvidan el desastre que supuso su presidencia ni la gestión irresponsable que hizo del club, al que llevó a una situación agónica.

Lattek con Joan Gaspart y su esposa en el año 2001

Lattek con Joan Gaspart y su esposa en el año 2001 / Josep Maria Arolas

Sus homilías en las asambleas, apoyando a la junta de turno y aleccionando al resto de socios y compromisarios, sin aportar nada trascendente, son un anacronismo eterno que solo sirven como nexo entre pasado y presente, un recuerdo de lo que el Barça fue y la prueba de que no siempre cualquier tiempo pretérito fue mejor. Su reciente intermediación con los taxistas, en ese sentido, ha sido tan incomprensible como prescindible. Cualquier socio tiene derecho a opinar, faltaría más, pero quien demostró su ineficacia durante años debería asumir que el mundo de hoy se parece muy poco al de ayer.