Gambito de dama, la serie del momento

Gambito de dama: El ajedrez y otras maniobras para escapar de uno mismo

OPINIÓN

Dídac Peyret

@didacpeyret

Se nos prepara para convivir con los otros pero ni dios te prepara para vivir contigo mismo. Una vez leí que toda la infelicidad de los hombres viene de la incapacidad de permanecer solos en paz en una habitación. Más de uno pensará que eso son problemitas del primer mundo pero de todo se sale menos de uno mismo. 

Al final cada uno hace lo que buenamente puede con sus cosas. La mayoría con maniobras de escapismo más o menos disparatadas. Confieso que las he probado casi todas sin grandes resultados.

Están los que se ponen a correr para volver al mismo sitio. Los que desnudan su intimidad a un completo desconocido en un diván. O los que viven otras vidas a través del fútbol o los libros. Pero los hay también menos sutiles. Los que se abonan a todo tipo de sustancias

Ahí siempre habrá negocio porque todo el mundo está dispuesto a pagar para sentirse vivo un ratito o para olvidarse de lo suyo otro ratito.  

“La persona más fuerte es la que no tiene miedo de estar sola”, asegura la madre biológica de Beth. La protagonista de Gambito de dama, la serie de Netflix de la que todo el mundo habla. “La gente se conforma con cualquier cosa para decir que tiene algo”. 

La escena nos conmueve porque a Beth, que es solo una niña, su madre le habla como a una adulta momentos antes de suicidarse. Así empieza esta serie sobre una niña que pasa por un orfanato, y tras ser adoptada por una pareja infeliz, se convierte en un prodigio del ajedrez.

Este es el punto de partida de Gambito de dama, pero el juego solo es un elemento más para explicar a personajes con problemas para convivir con ellos mismos. 

La serie del momento es un adictivo producto para todos los públicos sobre la evasión y las obsesiones

Scott Frank, el director de la serie, sabe explicar muy bien a través del personaje de Beth y el de su madre adoptiva (una magnífica Marielle Heller) la diferencia entre solitud y soledad.

Lo primero, lo necesitamos todos en algún momento. Lo segundo puede llevarnos a un final devastador. Pero las dos protagonistas tienen en común una tendencia natural a evadirse a base de tranquilizantes y alcohol.

La diferencia es que Beth encuentra en el ajedrez una obsesión y un motor para seguir viviendo. El tablero es en el único espacio donde no tiene problemas, y los que encuentra, le resultan un estímulo para alejar sus demonios antes de quedarse dormida. 

En esas partidas está parte del encanto de la serie. Y no tanto por la verosimilitud, como por la forma en la que están rodadas. La cámara se centra más en las caras de los personajes -sus silencios, sus gestos- que en los movimientos en la tabla. Los puristas del juego no han tardado en acusar a la serie de ser una broma de mal gusto. 

Pero, a pesar de haber contado con asesores como Garry Kasparov, la pretensión del director no pasa por retratar el juego con precisión científica. Gambito de dama, basada en el libro homónimo de Walter Tevis, no disimula su intención de ser ficción para todos los públicos. Y tiene en los ojos de la hipnótica actriz Anya Taylor-Joy uno de sus grandes reclamos.

No hace falta haber jugado una sola partida de ajedrez para empatizar con ella. A todos nos ha ayudado alguna vez a levantarnos de la cama una obsesión.

Kafka en Maracaná

"Mira, para mí, los que se meten los libros abajo del brazo y me hacen quedar como un ignorante son unos hijos de puta, ¿entendés?” Con esta jugosa cita de Maradona arranca Kafka en Maracaná.

No se me ocurre mejor manera de empezar para rebajar la solemnidad del título. Así ha sido siempre con los compañeros de la revista Panenka, que editan ahora su tercer libro. La pretensión literaria siempre ha venido acompañada de la voluntad de reírse de ellos mismos.

Kafka en Maracaná ha sido editado por la revista Panenka

Esta vez con un libro escrito a seis manos. 90 relatos ficcionados, entre la crónica y el cuento, que vinculan fútbol y literatura con nombres como Hornby, Fontanarrosa, Montalbán, Vila-Matas o Villoro. 

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