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El futuro nos exigirá memoria

La jugadoras del Barça celebran uno de sus goles contra el Bayern Múnich

La jugadoras del Barça celebran uno de sus goles contra el Bayern Múnich / GORKA URRESOLA

El Barça femenino ha llegado tan alto que corre el riesgo de convertir lo extraordinario en rutina. Seis finales consecutivas de Champions, con tres títulos europeos; once Ligas, con siete campeonatos ligueros seguidos no son una racha: son una época. Y las épocas, cuando son tan brillantes, merecen ser celebradas, pero también recordadas, así como entender que no pueden durar siempre.

Porque el futuro del Barça no consistirá en ganarlo todo siempre, sino en seguir siendo reconocible cuando Europa sea más difícil que nunca. Este equipo ha construido una autoridad futbolística, emocional y estética que trasciende a sus resultados.

Alexia Putellas representa el alma competitiva de una generación que cambió la historia; Aitana Bonmatí llegó para demostrar que las dos mejores podían compartir vestuario; Patri Guijarro es ya el cerebro de este equipo; Mapi León, Irene Paredes, Cata Coll, Graham Hansen, Claudia Pina, Ona Batlle, Salma Paralluelo o Ewa Pajor forman parte de la mejor plantilla, que además está unida, es ambiciosa y tiene tantos matices, como recursos.

Hay estrellas consagradas y futbolistas aún en formación que aprietan por abajo. Y ahí está la clave: el Barça no puede ser solo un equipo de Balones de Oro, debe seguir siendo una escuela que los crea y los acomoda en su seno.

El camino hasta aquí ha sido largo. Natalia Astrain fue la primera. Xavi Llorens es aún el más longevo. Fran Sánchez participó en una transición necesaria. Lluís Cortés llevó al equipo a la conquista europea y Jonatan Giráldez creó una máquina ganadora. Por último, Pere Romeu ha heredado una responsabilidad enorme: mantener el hambre cuando ya se ha ganado todo.

También las directivas tienen su cuota del éxito. Las anteriores, con la profesionalización de 2015 como punto de inflexión, entendieron que el femenino no podía seguir siendo una sección secundaria. La actual ha recibido un tesoro deportivo y social que ha sabido proteger.

Pajor fue un fichaje de impacto; Kika Nazareth, Sydney Schertenleib o Vicky López son acertadas apuestas; Clara Serrajordi, Aicha Cámara o Carla Julià deben seguir creciendo para formar parte de una renovación ordenada, no traumática. No basta con fichar bien, hay que renovar a tiempo, aceptar que se marcharán jugadoras y que apostar por la cantera es nuestro ADN.

Este Barça deberá mezclar jerarquía y descaro, experiencia y hambre, mercado y cantera. Pero conviene decirlo ahora, precisamente desde el éxito: el Barça no ganará siempre. Lyon, Chelsea, Arsenal, Bayern, PSG o Manchester City competirán cada vez con más dinero, mejores estructuras y mayor ambición. La ventaja azulgrana deberá forjarse desde la identidad y no desde la solera.

Ese es el gran reto: aceptar que perder algún día no significará fracasar. Fracasar sería olvidar cómo se llegó hasta aquí. Porque después de haberlo ganado casi todo, la verdadera grandeza será seguir compitiendo como si todavía estuviera empezando.