Opinión

Redactor de Real Madrid.
El Fulham de Valdebebas
Arbeloa quiere llenar el club profesional más antiguo de Londres de canteranos del Real Madrid: jugadores como Gonzalo, que pasan de ser Haaland a moneda de cambio en un mercado inflacionado

Gonzalo García, rumbo al Fulham / Perform
El Fulham es el club profesional más antiguo de Londres. Fue fundado en 1879. En sus vitrinas hay una Copa Intertoto y varios subcampeonatos, como el de la Europa League 2009/10, cuya final perdió ante el Atlético. En sus casi 150 años de historia, apenas seis españoles han vestido la camiseta del club que dirige Arbeloa, dispuesto a llevarse una remesa de canteranos del Real Madrid a Craven Cottage. Un trasvase con el que llenar las arcas de su antiguo club, en plena efervescencia de fichajes, y propiciar, en casos como los de Gonzalo o Palacios -dos de los nombres que suenan-, buenos movimientos para la agencia que comparten.
Dominar el relato
Es un capítulo más de la desnaturalización del fútbol moderno: los intereses económicos y la influencia de determinados actores consiguen que hasta un equipo del sacrosanto fútbol inglés pueda parecer el Fulham de Valdebebas apenas un mes después de que Arbeloa haya asumido el cargo. Thiago Pitarch es el tercer nombre vinculado al proyecto de un entrenador que apostó por la cantera del Real Madrid en un momento complejo. Ciertas decisiones provocaron su enfrentamiento directo con otros miembros de la plantilla.
En su despedida, Arbeloa dedicó estas palabras a Gonzalo: “Ojalá haber sido más justo contigo. Demuestra todo lo que vales”. El Real Madrid logra imponer, casi siempre, su visión del relato. Si vende canteranos como el delantero, se trata de una buena operación en términos económicos: 40 millones por el 70% de sus derechos. Además, el jugador tiene un club en el que prosperar y siempre puede ser recomprado. ¿Que han fichado a un ariete de casi su misma edad como Carlos Espí? Pues lo han hecho por un precio mejor y este aporta más altura.

Fulham Football Club
Ahora bien, si rebobinamos apenas un año, encontramos a un Gonzalo que había ganado, de forma compartida, el premio al máximo goleador del Mundial de Clubes. “Si le dan continuidad, no creo que esté muy por detrás de Haaland”, decía en el Diario As sobre él Hernán Pérez, seleccionador de España sub-17, que le dirigió en el Juvenil del Real Madrid. Un titular suculento que ha envejecido mal. No por el autor de la cita, sino por el escaso compromiso del club blanco con su gente. Y es algo que se repite cada verano.
Un Bernabéu para ver cromos
En su primera temporada completa en el primer equipo, Gonzalo firmó ocho goles y tres asistencias en las escasas oportunidades de las que dispuso en un equipo que se derrumbó tras la negligencia de sus estrellas. Con él en el campo, aunque solo fuera por vergüenza para el resto, la presión fue un síntoma. Más allá del rendimiento deportivo, Gonzalo tejió un hilo con la desgastada afición del Bernabéu, a la que este año quieren atiborrar de fichajes, pero que encontró en el delantero un representante sobre el césped.

Los jugadores del Real Madrid Trent Alexander-Arnold (izda) y Alexis Ciria celebran uno de los goles conseguidos durante el partido amistoso disputado ante el CD Leganés. / Victor Lerena / EFE
A pesar del aviso que recibió en las elecciones, Florentino sigue con su madridismo universal, en el que importan más el nombre y el efecto que provoca que la construcción de una identidad para los socios: los que van al campo, donde se siente y se sufre, y a los que apeló durante la campaña para prometerles más títulos en el futuro. La pulsión de ganar por encima de cualquier identidad provoca terribles efectos de rebote. Lo paradójico de la estrategia galáctica es que el Real Madrid ni siquiera ha presentado todavía a sus nuevos efectivos.
Por el momento, el desembolso millonario es la respuesta a la hambruna de victorias: fichajes acompañados de la presión asociada al talón, que Mourinho intenta rebajar. En medio de la euforia del “mejor mercado en décadas”, como se afanan en describirlo los más eufóricos, surge tímidamente el destaque de jugadores de La Fábrica como Ciria, que sostienen el telón hasta que aparezcan las estrellas. Otro al que le pondrán la etiqueta de estrella emergente. Cuando se seque el pegamento de la novedad, le pondrán encima el adhesivo de transferible y dirán que es lo mejor para todos. Así crearán un Fulham de Valdebebas en Como, Florencia o donde él indique que estará ese año la sede para la emigración del canterano que debe marcharse para entender lo que es el madridismo.
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