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¡Fuera la Grada d’Animació!

Joan Laporta, Josep Cubells y Elena Fort

Joan Laporta, Josep Cubells y Elena Fort / Javi Ferrándiz

Querer controlar a los disidentes con mentiras es algo tan antiguo que no hace falta explicarlo. Es, también, un método sin ética que al final acaba rebotando de mala manera al impulsor. Hay probablemente algo aún peor, intentar desacreditar sin miramientos a quien descubre la mentira y convertir al mentiroso en héroe y al justo en tramposo.

Esto ha ocurrido con todas esas personas que han denunciado que la expulsión de la Grada d’Animació nada tenía que ver con la supuesta multa que se usó como excusa por parte de esta junta: a esos, aparte de miles de insultos botianos, se nos invitaba a que pagásemos la multa si tanto queríamos que volviera la animación al campo. Una chorrada cósmica.

Es legítimo querer cambiar el modelo de animación, es legítimo echarlos, lo que no se debería permitir es criminalizarlos sin motivos y con mentiras para intentar tener a la masa social a tu favor. Los componentes de la Grada d’Animació ni son criminales, ni nazis ni nada de lo que se ha dicho; y en caso de haber algún personaje de este estilo que se cuele entre estos culés que quieren y saben animar, es tan fácil como identificarlo y echarlo.

De hecho, para formar parte de los grupos uno debe pasar varios tramites con la policía y el Club, lo que hace que sea pan comido individualizar quien no se comporta bien y hacer que no vuelva a pisar el Camp Nou nunca más.

Pero todo este debate nace de una mentira que ayer cayó; el problema del Club con la Grada no es una multa por supuestos insultos, el problema del Club es que muchos de los integrantes no están de acuerdo con la gestión del Barça. Quieren evitar canticos contra la junta, quieren evitar el runrún democrático del estadio.

La vicepresidente Fort, valiente por hacer una reunión-debate con los jóvenes socios, acabó destapando la mentira como se ha podido escuchar en un audio filtrado: con multa o sin multa lo hubiésemos hecho de todas formas, los hubiéramos echado.

A partir de aquí, con la verdad revelada, que cada uno opine lo que quiera. Pero queda demostrado que se ha intentado criminalizar a un grupo de socios por motivos políticos y que se ha tachado de mentirosos a quien alertaba de la mentira.