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El president Núñez, en Formentor

El Pi de Formentor

OPINIÓN

Carme Barceló

@CarmeBarcelo

Yo sé que muchos y muchas de los que nos leéis sois jóvenes. Insultantemente jóvenes, escribo desde la envidia más sana. En clave Barça, vivís un presente y un pasado reciente plagado de cracks, de títulos, con el mejor jugador del mundo desde hace años en nómina y con un equipo profesional de fútbol femenino.

Quien esto firma llegó al periodismo hace 33 años, con una liga recién ganada por aquel FC Barcelona del ‘pichichi’ Archibald y con un entrenador, Terry Venables, que no me facilitó jamás la labor como periodista. Cuando hoy denunciamos gestos altamente machistas como los vividos por la primera futbolista que ha ganado un Balón de Oro, aquellos tiempos no solo era impensable subiera a un podio sino que pudiera tan siquiera ser considerada como tal. 

Ejercer el periodismo deportivo con “a” era complicado también. Y es por ello que, desde esta columna, quiero rendir homenaje a mi primer director, Juan José Castillo, y al presidente del Barça de aquel entonces, Josep Lluís Núñez. Ambos confiaron en mí y me dieron la oportunidad de ser y estar. Cuando menos, no me cortaron las alas. Me dieron la oportunidad de volar y también me hicieron sufrir. En definitiva, me ayudaron a darme de bruces con la realidad a su manera pero sin ponerme palos en las ruedas. 

El presidente Núñez era un enamorado de Mallorca, mi segunda tierra. Cada verano, con su esposa y el matrimonio Pulido, pasaba varias semanas en el hotel Formentor. Cuando en el stage de pretemporada del Barca en Papendal acusaron a Alexanko de presunta violación, la opinión de Josep Lluís Núñez era la más buscada.

Estaba de vacaciones, fui a pasear por nuestra playa de Formentor y a sentarme a la sombra de aquel pino al que cantó Ma del Mar Bonet. Allí estaba el presidente, con su esposa y su Bitter Kas. Me senté con ellos, añadimos una olivas y un refresco de cola y le pedí esas declaraciones. Me las dio. Ambos sabíamos lo que suponía para los dos. A partir de entonces, volé más alto. Descansi en pau, president. I per sempre, gràcies.

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