Opinión

Subdirector.
Florentino, los socios de las pancartas también son los dueños del club

Denís Iglesias
Hace ya demasiados días que los focos del Real Madrid no apuntan al césped, donde antaño sucedía lo importante. Primero fue el banquillo, con un Arbeloa diluido en su propio personaje. Luego el vestuario, escenario de un combate de boxeo entre Tchouaméni y Valverde.
Más tarde el palco, o más concretamente la sala de prensa, con la inclasificable comparecencia de Florentino Pérez. Y para redondearlo, la grada del Bernabéu: aunque no era la noche idónea para sacar conclusiones, la afición madridista se pronunció. Estuvo crítica con sus jugadores y apática con su entrenador.
¿Y con Florentino? Difícil saberlo, porque las pocas pancartas críticas que se dejaron ver apenas duraron unos minutos. 'Florentino, vete ya' y 'Florentino culpable', rezaban. Tuvieron una vida efímera, pero suficiente para que las cámaras captaran el mensaje. Los empleados de seguridad del club no tardaron en retirarlas: a los aficionados que las habían preparado no les hizo demasiada gracia. Suele ocurrir con cualquier tipo de censura: por lo que sea, a nadie le gusta que le censuren.
Ocurrió cuando el partido ante el Real Oviedo ya había arrancado: fue un partido incómodo para ambos equipos, como si en realidad, nadie quisiera pasar la noche en el estadio. Los jugadores del Madrid, deseosos de que la temporada acabe cuanto antes (algunos irán al Mundial y es inevitable pensar ya en ello) y los del Oviedo, con la sensación de que el descenso les ha robado la ilusión de jugar en el Bernabéu. Y la afición del Madrid, en pleno puente de San Isidro, pitó a sus jugadores cuando el 'speaker' cantó la alineación.
Pero poco más: una especie de apatía parece haberse instalado en el Bernabéu, esa autocomplacencia propia del turista, nada que ver con el madridista de pedigrí.
Florentino, que movió todos los hilos para que las pancartas en su contra no tuvieran demasiada visibilidad, también movió los hilos estatutarios. En teoría, se abre un proceso electoral en el Real Madrid. En la práctica, es casi imposible que alguien, en diez días naturales, prepare una candidatura, reúna los avales y esté listo para competir con Florentino.
Amparado en la más estricta legalidad, Florentino lanza un órdago con truco. "Si quieren echarme, que me ganen unas elecciones", retó, plenamente consciente de que en estas condiciones es casi imposible siquiera que haya elecciones.
Hubiera sido un gesto más elegante haber avisado hace unas semanas de que habría elecciones. También hubiera sido bastante más elegante dejar que la afición del Madrid (los socios, los dueños del club al fin y al cabo) pudiera lucir las pancartas que considere oportunas.
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