Opinión

Redactor de la sección Barça
De ser superior a perdonavidas
Sorprende que la caída a los infiernos de Florentino Pérez no sea fruto de sus enemigos, sino de sí mismo

EL CHIRINGUITO
Florentino Pérez apareció despojado de cualquier red de seguridad ni filtro alguno, con su móvil como único complemento. Se colocó frente al micrófono, su verdad en mano, para iniciar un soliloquio demencial ante el que quienes allí atendían y quienes lo hacían desde sus casas no sabían a qué mecanismo cerebral agarrarse para entender la escena: sorpresa, cabreo, pena, incomprensión, estupor... Un poco de todo o un mucho de nada. Con el paso de las horas, la ida de olla perpetrada por el presidente del Real Madrid, cuya imagen mundial está cada día más alejada de lo que un día quizá fue, obligó al niño a dar un paso al frente. El chaval no tuvo más remedio que, viendo lo que ocurría a su alrededor, todos riéndole las gracias, señalarle con su mirada inocente al grito de “¡el rey va desnudo!”.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid / Europa Press
Butragueño definió al monarca blanco como un “ser superior” y, por muchas risas que su ocurriencia generara, no le faltaba razón. Florentino era el todopoderoso empresario que lograba todo aquello que se proponía: recalificaciones, el agujero en forma de 3.000 millones pagados por todos los españoles del Castor, financiación para sus galácticos y, por supuesto, la alfombra roja desplegada a cada uno de sus mayestáticos pasos a lo largo y ancho de un territorio que creía pertenecerle y que, seguramente, así era. Pero incluso al Rey Sol le llegó la hora. Lo sorprendente de este caso, de esta caída libre a los infiernos, no es que se produzca, algo inevitable, sino la forma en la que se ha producido porque quien la provoca es, precisamente, quien la va a sufrir.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid / Dennis Agyeman / AFP7 / Europa P / Europa Press
El oncólogo chino, los tiros, la niña, la subscripción, los feos, sus empleados, los millones, Transfermarkt, el acento sudamericano y, por supuesto, Negreira. Un festival de inconsciencia concatenada y repetitiva, un tono sobrado, condescendiente, altivo y amenazador que puso fin al “ser superior” para mostrar, sin filtros, ante el mundo, su verdadera cara: la de un perdonavidas cuya única sofisticación viene impuesta por los muchos ceros de su cuenta corriente. De aquellos audios, estos lodos. Florentino confirmó lo que se intuía sobre su figura, otrora imperial, intocable, venerada y envuelta de una luz de poder omnívoro. Todo era mentira menos el dinero y, por supuesto, el poder que da el dinero y viceversa.
Pero, de entre toda la maraña de despropósitos repetidos en un bucle extraño, es justo reconocer que, efectivamente, suyo es el enorme mérito de que los Ultra Sur no puedan entrar al Santiago Bernabéu. Todos menos uno. La excepción es Florentino Pérez.
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