Opinión
Florentino le hace un favor a Xabi Alonso

Xabi Alonso, despedido como técnico del Real Madrid / SPORT.es
Florentino Pérez tardó poco en darse cuenta de que Xabi Alonso no era de los suyos. No era un obediente, no asentía a todo ni entendía el cargo como un acto de sumisión. Y eso, en la casa blanca, suele tener fecha de caducidad. Tampoco gustó que Alonso confesara públicamente su amistad con Guardiola, una herejía casi imperdonable para quien se considera el “ser superior” del fútbol europeo.
A Florentino le incomodaba, además, que su entrenador no lograra domesticar un vestuario que hace tiempo va por libre. Desde Madrid cuentan que Bellingham, Vinícius y Mbappé funcionan al margen de cualquier jerarquía. Nada nuevo. Nada desconocido. Del inglés, incluso, se dice que es el menos profesional del tridente. Ancelotti ya sufrió ese ecosistema pese a su infinita experiencia y su diplomacia legendaria.
La gota que colmó el vaso fue la final de la Supercopa. El Madrid ofreció una imagen impropia de un aspirante al título, más cercana a la de un equipo menor que a la de un gigante europeo. Para Florentino fue imperdonable. Lo que no parece haber considerado es que las ausencias de Modrić y Kroos pesan más que cualquier pizarra.
Sin ellos, el centro del campo es una quimera y, con otro planteamiento o no, el Barça probablemente habría pasado por encima igualmente. Y, claro, echar al director deportivo es destituirse a sí mismo.
El comunicado oficial habló de “acuerdo mutuo”. Dos palabras tan manidas como huecas, pensadas para maquillar una ruptura que venía cocinándose desde hace tiempo y que terminó mal. Como casi todas las que se producen en el despacho presidencial, aunque en este caso fuera en la zona busines del avión de regreso a Madrid.
Florentino viajó a Jeddah en su jet privado pero decidió regresar con la expedición… No fue traumático: Alonso tampoco puso resistencia. No se soportaban. En el Madrid, cuando el presidente pierde la fe, no hay proyecto que sobreviva.
Florentino seguirá mandando como siempre, convencido de que el club es una extensión de su voluntad. Xabi Alonso, en cambio, se marcha más ligero. Y quizá, como le aconsejó su amigo Pep Guardiola, ahora pueda hacer lo más difícil en el fútbol de élite: pensar y vivir por cuenta propia. O sea, ‘mear con la suya’.
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