Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Colaborador de SPORT.

Floren Night Party

Florentino discute con un aficionado en la previa del Real Madrid - Oviedo

Florentino discute con un aficionado en la previa del Real Madrid - Oviedo / JuanJo Martín / EFE

La perspectiva del tiempo es implacable. Sirve para entenderlo todo. Sirve para comprender por qué compraste pantalones pitillo en 2007, para asumir 8 años después, que era “ella”, en realidad, el amor de tu vida, o que TikTok no era una moda pasajera.

Pero, sobre todo, sirve para descubrir que Santiago Segura es, probablemente, el Nostradamus de Carabanchel. Porque hay que ser iluminado para anticipar lo que está pasando. No. El título de su última entrega: “Torrente Presidente”, no era una casualidad. El muy cabrón ya sabía que el martes aparecería Florentino Pérez en una comparecencia histórica, mezcla de rueda de prensa, monólogo de ¨Leo Harlem” y capítulo piloto de Cuarto Milenio en un ejercicio de torrentismo absoluto. Fondo, forma, tono y gesticulación.

Solo faltó que entrara Juanma Rodríguez diciendo: “¡Presi, que nos roban!”. Y con la perspectiva del tiempo también entendemos otra cosa: Torrente no es en realidad una película: es un documental sobre el Madrid y sobre España. Un país donde siempre hay una conspiración, una campaña, una confabulación mediática, arbitral o interplanetaria contra un club, que, casualmente, lleva décadas siendo el BOE, o formando parte de él.

¡Qué va! El problema de Florentino no es una conspiración. El problema del presidente blanco se llama: “Barça”. Barça en sentido genérico.” La Masia” en sentido concreto. Y en sentido particular, responde a nombres que le deben provocar insomnio en las madrugadas del Viso, su holgado barrio residencial: Cubarsí, Casadó, Pedri, Marc Bernal, Lamine Yamal, Fermín, Gavi, Balde, Gerard Martín, Eric García y toda esa panda de insolentes que han decidido aniquilar, jugando al fútbol y en catalán, un proyecto construido a golpe de tontería, chequera, marketing galáctico y crédito infinito. Y ahí radica el verdadero drama.

Y termino. Mi relación con Joan Laporta, aunque joda, siempre ha sido excelente. Hemos tenido diferencias, claro, como las tiene cualquiera que comparte oxígeno y WhatsApp. Pero siempre coincidimos en lo esencial, y el cariño, el respeto y la cordialidad han estado por encima de todo. Por eso, presidente, te hago una petición final: falta la última fiesta. Falta una última rúa. Porque inesperadamente la comparecencia de Florentino ha acabado significando una sorprendente victoria emocional para todos. Una celebración colectiva. Una catarsis. Un regalo.

¡Volvamos a “Luz de Gas”! La última gran fiesta de la temporada debe llamarse, The Floren Night Party. Será puta locura… Y significará nuestro inicio y su dramático final.