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Flick frota la lámpara para proteger al genio

Flick tutela la evolución de Lamine Yamal

Flick tutela la evolución de Lamine Yamal / Quique García / EFE

Acolchado en sus treinta años de experiencia en los banquillos, Hans-Dïeter Flick sacó ayer a pasear su manual de vida y rescató a Lamine Yamal, la estrella de la que pende su proyecto azulgrana, de un foco complejo, escasamente sano muchas de las veces y repleto de obstáculos. En la luz que alumbra a Yamal converge lo bueno y lo malo de la tierra. Le admiran los niños por su talento y su carisma, pero le apuntan los adultos por considerarle un niñato extravagante; le proyectan de ejemplo para la sociedad por sus orígenes humildes, pero le insultan por su raza y religión allí donde va; le aplauden por jugar para España, pero al mismo tiempo es víctima de campañas de desprestigio por ser del Barça y haber minimizado la marcha de Leo Messi. Eso, que puesto así sobre el papel, parece una minucia, en el día a día puede llegar a ser inasumible e insoportable para un chaval de 18 años.

El genio no lo lleva mal y lo aliña con actuaciones descomunales como la del Metropolitano. Desequilibra, golea, asiste, tira del carro y camina hacia su tercera Liga siendo juvenil. ¿Se le puede pedir más? Tal vez, sólo que escuche a Flick, ese sabio cuyo consejo recuerdas toda tu vida. ¿Cómo hacer una defensa de tu crack sin esconder el error? Esa fue la tesis emocional que bordó ayer Hansi. Por tres veces, recordó su edad y admitió que debió celebrar el gol de Lewy. Pero reforzó la misión de protegerle del ruido, le proclamó como un futbolista increíble y aseguró bancarle siempre. Fueron sólo 2´14” de exposición, pero valieron por veinte entrenamientos. Curso de Flick. ¿Antesala de otra exhibición hoy? Ojalá.