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Un final bochornoso de una Copa África que limpió Mané

Sadio Mané, celebrando la victoria de Senegal ante Marruecos

Sadio Mané, celebrando la victoria de Senegal ante Marruecos / LAP

Parecía que esta Copa África tenía que ser la de la confirmación definitiva de Marruecos como potencia del fútbol mundial. Avisaron en el Mundial de 2022, eliminando a la España de Luis Enrique, rompiendo pronósticos y alcanzando unas semifinales históricas ante Francia. Venían de levantar el Mundial sub-20 en Chile y la Copa África, disputada en casa, se presentaba como el colofón perfecto antes del Mundial de este verano. Todo estaba alineado: el contexto, el talento y el momento.

Pero el fútbol no tenía el mismo plan que el combinado marroquí. Senegal se llevó el triunfo en un partido tan épico como bochornoso, primero por unas decisiones arbitrales que solo contribuyeron a alimentar el relato de que esta edición parecía escrita para Marruecos, y después por una decisión tomada en caliente e impropia del fútbol profesional.

La polémica no empezó con el pitido inicial de la final en Rabat. Venía de antes. Problemas organizativos, protocolos confusos, reparto de entradas cuestionado y una gestión de la seguridad que generó más dudas que certezas. Curiosamente, casi siempre afectando a Senegal. Y aún quedaba por entrar en escena el arbitraje, un asunto recurrente durante todo el torneo y no solo concentrado en la final, dirigida por el congoleño Jean-Jacques Ngambo Ndala, protagonista absoluto con dos decisiones difíciles de digerir en los últimos suspiros del partido.

El desenlace fue el resumen perfecto de todo lo anterior. Senegal terminó completamente desquiciada cuando, en cuestión de dos minutos, se le anuló el 1-0 por una falta mínima sobre Hakimi (más veterano y listo que su oponente) y se señaló un penalti muy dudoso sobre Brahim para decidir la final. El jugador del Real Madrid, pensando más en la foto del momento que en asegurar la pena máxima, falló con un disparo a lo Panenka tan innecesario como horroroso.

Pero la reacción anterior de Pape Thiaw, seleccionador de los Leones de Teranga, fue tan sorprendente como injustificable: pedir a sus hombres que abandonaran el terreno de juego. Una decisión en caliente, tomada por un fuerte sentimiento de rabia e impotencia (comprensibles para quien firma) ero que no puede darse en escenarios de máxima élite.

Por suerte apareció Sadio Mané. A sus 33 años, tras una carrera brillante en Europa y ya en el tramo final de su etapa internacional, puso un punto de cordura en medio del caos y trató de limpiar una imagen bochornosa sobre el césped, más propia del fútbol amateur que de una final continental. La gran leyenda de Senegal, consciente de que estaba disputando sus últimos minutos en una Copa África, tuvo que entrar corriendo al vestuario para pedir que el partido se reanudara. Porque entendía que aquello no podía acabar así. Y porque confiaba en su portero, Édouard Mendy.

Se jugó. Y Pape Gueye desató la locura en la prórroga. Senegal encontró su premio: su segunda Copa África tras al alzada en 2021. Y, quizá igual de importante, evitó con la decisión de volver al césped que se produjera una imagen todavía más dañina para el fútbol africano.