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¿Fichar a un central en el peligroso y carísimo mercado de invierno?

Flick y la dirección deportiva tienen que afrontar el futuro mercado de enero

Flick y la dirección deportiva tienen que afrontar el futuro mercado de enero / Dani Barbeito

El Barça va como un tiro, pero en el horizonte aparece un pequeño nubarrón. La lesión de Christensen compromete la estabilidad de la defensa, en el momento más crítico del calendario, y cuando se acumulan partidos en las tres competiciones. Flick y Deco tienen un dilema nada menor: seguir tirando de inventos orgánicos para apuntalar la línea defensiva (como la idea feliz de Gerard Martín), o ir al peligroso, incierto y complejo mercado de invierno. Con la dificultad añadida de que el Barça, con una economía todavía maltrecha, está obligado a fichar bueno, bonito y muy barato.

Y es que en el historial de la ventana de enero ha habido algún acierto sonado, como la incorporación siempre citada de Davids, un fichaje que efectivamente cambió la dinámica del equipo aquel 2004, pero que también ha sido mitificado con el paso del tiempo, porque se ha tendido a olvidar que el secreto de aquella buena segunda vuelta no fue otro que contar con Ronaldinho en plena forma y con el primer gran Xavi asumiendo el rol de líder del mediocampo.

Se puede citar algún otro acierto, como el de Aubameyang (2022), pero, en general, el mercado de invierno es un catálogo de jugadores irrelevantes, algunos de los cuales serán recordados en broma en algún Trivial friqui de la historia del Barça, como Bogarde (98), Sorin (03), Maxi López (05) y, por no ir tan lejos, Vitor Roque (23). Otros serán recordados por su coste delirante, como Coutinho en 2018, o por su rendimiento nunca cumplido, como el de los hermanos De Boer, fichados los dos a la vez en enero de 1999.

Uno de los escasos aciertos fue justamente el de Ferran cuando Xavi acababa de llegar, y aun así, fue por un precio muy alto y se ha tenido que esperar mucho tiempo para que cuajara. Puede haber excepciones muy contadas, pero la tendencia es inequívoca: fichar en el mes de enero en general es caro, arriesgado, y extremadamente cortoplacista. Un porcentaje muy alto de las nuevas incorporaciones acaban recolocados como saldos en cualquier medianía de equipo, con el Barça teniendo que asumir parte de su sueldo y rezando para que alguien se lo quede con equilibrios contractuales que lastran el balance durante años.

Si ya es difícil encontrar gangas en el mercado de verano, en el de invierno es directamente una carambola. Y es que el mejor mercado de invierno para el Barça es el mismo que el de verano, y se llama La Masia. Siempre llegamos a la misma y saludable conclusión: ante la duda, tirar de lo nuestro.