Koeman, durante el partido ante el Granada

El favorito del público

OPINIÓN

Danae Boronat

@danaeboronat

"Perdona si no entendáis a mí, el culpa es el mío” sentenció un frustrado Koeman tras la enésima decepción frente al Granada. Tras intentar explicar que jugó con un 4-3-3 limitado porque ni Coutinho ni Demir son extremos y juegan mejor por dentro. Al neerlandés se le entiende todo delante de un micrófono y, en cambio, poco o nada dentro del rectángulo.

El Bayern es una trituradora para cualquiera. El Granada, un zombi respecto al equipo de Diego Martínez al que el Rayo, recién ascendido, le metió cuatro goles en Vallecas. El partido pasará a la historia por el dato de los 54 centros al área, récord en 15 años. Por el puntapié que dio al diccionario cruyffista su compatriota. La clasificación para la próxima Champions League está en juego y mucho más que eso: la destrucción de un legado futbolístico, de un modelo de juego mucho más complejo que el ‘tiqui-taqui’ del que habló Koeman a través del que el FC Barcelona ha conseguido ser referencia en todo el mundo. 

El próximo lunes, dentro de diez días (el Barça visita el Wanda Metropolitano) o tras el clásico del 24 de octubre en casa. El final de Koeman está cerca porque es un pegote desde junio cuando Laporta le pidió 15 días para buscar a su sustituto y la forma de pagarle el finiquito. No encontró ni a esa figura ni ese dinero y desde entonces reina la tensión en los despachos y el caos sobre el verde. “Es lo que hay” ya se repite como un mantra, como si en lugar del Barça se tratara de la Rapitenca. 

Jordi Cruyff y Albert Capellas cada vez tienen más cara de recurso temporal y es que durante el verano no ha cambiado mucho la situación del resto de perfiles. Ni siquiera que Xavi Hernández no fuera uno de los entrenadores con los que contactó Joan Laporta. Koeman no ha sido Rijkaard y parece que Xavi, de momento, no será Guardiola. El favorito del público entonces y ahora no es la prioridad. Aunque conservan una buena relación no ha habido ningún gesto de acercamiento con el de Terrassa en estos meses y no parece que esto vaya a cambiar.

Xavi está centrado en el clásico qatarí que dirige hoy (Al-Rayyan contra su Al-Sadd). Es de suponer que su cercanía con Víctor Font provoque cierto recelo en un Laporta que sólo se rodea de fieles dispuestos a morir por él. La “falta de recorrido” de la que habló en la campaña electoral pesa más que el hecho de que sea garante de la idea de equipo y de club de Johan Cruyff

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