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Ansu Fati podría debutar en Champions y acceder a nuevos récords

Fati y las estadísticas

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

Todavía sin Messi, el acaparador de portadas por excelencia, todos los titulares apuntan a Ansu Fati, el adolescente de 16 años que ha irrumpido en el actual fútbol burocrático con el descaro de quien juega sólo para divertirse. Mérito de Valverde, por atreverse. Apetece que el fenómeno Fati acabe bien.

Hubo un día en que el video mató a la estrella de la radio. Y otro, no muy lejano, en que se introdujeron las estadísticas en el mundo del fútbol. Ese día, el balón empezó a perder su esencia: los números como excusa ante la ausencia de respuestas futbolísticas. Sucede igual con el periodismo: la estadística como solución ante la ausencia de información. Perdón. Un debate, éste, para otro día... Volvamos al balón.

Exagerando un poco, el fútbol es ese deporte en que un equipo puede tener el 99% de la posesión del balón y chutar 20 veces contra la portería contraria y perder el partido por 1 a 0 ante un rival con un 1% de posesión y un único lanzamiento a puerta; es ese deporte en que un delantero falla nueve remates pero acierta uno y se convierte en el héroe del partido: 1 de 10, pero su gol ha valido tres puntos; es ese deporte en que un portero para 19 chuts a la escuadra pero falla en uno fácil y su equipo pierde el partido. 19 de 20, pero...

Por supuesto que cualquier información puede ayudar pero cuando las estadísticas pasan por delante de la lectura del juego, todo se estropea. Cuando el entrenador prioriza los números al balón, el fútbol agoniza. Imposible olvidar la conversación con un futbolista del Barça, un lunes por la tarde, hace ya algún tiempo.

El día antes, el Barcelona había ganado por 1 a 0 en el Camp Nou con un pase de gol suyo. Sin embargo, el repaso del estallido del entrenador reflejó que algunos compañeros suyos -todos, defensas- habían rozado el 100% de efectividad en el pase y que él, lamentablemente, no. No hubo consideraciones, a pesar de que él actuaba en la zona caliente del campo, cerca del área rival.

El mensaje del técnico burocratizó el juego del equipo. Sin defender la irresponsabilidad en los comportamientos individuales -no se puede perder cada balón que se toca y todavía menos, en zonas peligrosas-, es evidente que para el entrenador era más importante no fallar para no perder que arriesgar para ganar.

¿Con qué sensaciones se quedó usted ante el partido de Fati, ante el Valencia? Gol, asistencia, sombrero... Descaro, valentía, protagonismo... Frescura, diversión, naturalidad... Sin embargo, la estadística le concedió ocho balones perdidos, más que nadie en el partido. “Números peligrosos para un futbolista de primera división”, dirán algunos. 

La experiencia matizará detalles pero sería un error mayúsculo que las sumas y las restas condicionaran el atrevimiento de un jugador diferente que, a base de desequilibrio, remueve el juego hasta convertirlo en especial. Premisa 1: vía libre al talento. Premisa 2: si al talento le añadimos trabajo, se garantiza el éxito. Estaremos atentos.


Sergio, De Jong, Arthur

Centro del campo ilusionante. Así, de entrada, mezcla bien: capaz de controlar el juego y, también, de acelerarlo; de romper al rival con posesión y, también, con conducción; de desplegar el juego de posición y de exhibir -los interiores- dinamismo; de ofrecer una salida limpia de balón y de ayudar en la finalización.

Apunta alto... si el equipo se aplica. El Barcelona ha concedido gol en cada partido de Liga y en todos ellos, a ratos, ha convertido el terreno de juego en una autopista de idas y venidas desenfrenadas. Si los delanteros se despistan en la presión este centro del campo es vulnerable. Le faltan piernas para cubrir el campo.

Si los defensas no se instalan en medio campo para defender corriendo hacia delante este centro del campo es frágil. Le siguen faltando piernas. O el equipo se junta o la combinación Sergio-De Jong-Arthur, sobre todo en Europa, va a brillar por su ausencia. La Champions -que regresa hoy-, no perdona.

Toca pizarra. Xavi Iniesta, futbolistas sin físico para la recuperación, consiguieron ser maestros en la presión porque su equipo jugaba tan junto que, tras la pérdida, bastaba con una carrera de cinco metros para apagar la luz al rival. Eso sí, Villa Pedro mordían por delante y el espíritu de Puyol, por detrás. 

Repetir las dinámicas con piezas diferentes no garantiza el éxito pero acerca a la idea de que el trabajo bien hecho, da frutos. Los dieron. ¿Los darán?

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