Opinión
El fair play y el femenino o por qué el Barça no se desprende de Jana para inscribir a Rashford

Laporta, junto a Alexia y Graham en la gala del Balón de Oro / AP
¿El Barça se desprende de Jana Fernández para inscribir a Rashford? No. La situación es mucho más complicada. Este verano han salido seis jugadoras del Barça. Algunas, por decisión del club; otras, por motivos personales. Pero todas ellas tienen un denominador común: la necesidad económica del club. El Barça debe aligerar masa salarial en las secciones para cumplir con las exigencias de LaLiga y, al mismo tiempo, mantener un equipo que pueda seguir en lo más alto.
Para entenderlo, hay que empezar por el principio. El FC Barcelona es un club polideportivo. Es un orgullo y uno de los pilares del ‘Més que un club’. Sin embargo, en la Liga de Tebas, es un escollo.
En España, el gasto total del club está limitado por el Límite de Coste de Plantilla Deportiva (LCPD) que establece LaLiga. Este límite marca cuánto puede gastar un club en salarios y fichajes durante la temporada. Se divide en dos bloques: plantilla inscribible (primer equipo masculino) y plantilla no inscribible (filiales, cantera y todas las secciones, incluido el femenino, que en el caso del Barça, es autosuficiente).
Recortar gasto
Aunque haya dos bloques, el límite es global. Si el club sobrepasa el tope, afecta directamente a la capacidad de inscribir jugadores del primer equipo masculino. Para la parte no inscribible, LaLiga marcó al Barça un máximo de 91 millones de euros, y el año pasado se superó en siete. Además, el plan de viabilidad aprobado hace dos temporadas exige recortar gasto en las secciones. Lo dijo Laporta recientemente en MD: “Tebas siempre me dice que nadie nos obliga a ser un club polideportivo”.
Esto ha tenido consecuencias: el baloncesto, el balonmano o el fútbol sala ya han sufrido recortes importantes, y ahora le toca al femenino. No se trata de sacrificar a Rolfö, por decir otro nombre, para inscribir a Roony, sino de que el club entero tiene que cuadrar las cuentas. En el caso de Jana, aquí sí creo que se podría haber hecho todo mucho mejor. Porque no puede ser que una futbolista hecha en la Masia, que siente tanto los colores, que puede ser un gran recurso ahora y una futbolista importante en un futuro inmediato, incluso capitana, tenga que irse. Los salarios en el femenino son cada vez más altos, porque así va creciendo la industria, pero la reducción del gasto es, ahora mismo, innegociable.
Otro mundo en Inglaterra
La situación en España es muy distinta a la de Inglaterra. La compañera Alba Mosquera lo resumía así: “Menos partidos al año, más vacaciones, mayor escaparate, más ingresos por derechos televisivos y premios, y sin estar sometido a restricciones de fair play financiero”. Los números hablan por sí solos: ganar la Supercopa en España reporta 35.000 euros; la Copa, 20.000. En Inglaterra, la FA Cup otorga cerca de 940.000. En derechos televisivos, la Liga F reparte 7 millones entre 16 equipos, mientras que la Women’s Super League reparte 15 millones entre 12.

Mariona, Walsh y Paredes en la final de la Eurocopa / Associated Press/LaPresse / LAP
Y lo más importante: en la Premier League no hay un LCPD global. Lo invertido en el femenino incluso deduce gasto del masculino. En España, al contrario: el femenino computa dentro del límite y te penaliza como club. Por ahora, seguirá siendo así.
¿Consecuencias para el Barça?
Hoy, el primer equipo femenino tiene 18 fichas. Un once de gala que sigue siendo probablemente el mejor del mundo. Pero con menos jugadoras que nunca, la plantilla queda debilitada en cuanto a fondo de armario cuando es el equipo que más partidos puede llegar a jugar y, por lo tanto, el que más lo necesita. Cualquier lesión o sobrecarga pondrá al equipo contra las cuerdas. Pere Romeu deberá tirar de cantera y dar minutos de calidad y continuidad, sobre todo, a jóvenes como Vicky López, Schertenleib (las más consolidadas) o Serrajordi, Szymczak o Aïcha, que necesitan (mucho) rodaje.
No es 'culpa' de la dirección deportiva. La prioridad de Marc Vivés y su equipo, que reciben órdenes de arriba para ajustarse al contexto económico del club -por ejemplo, el fichaje de Klara Bühl estaba cerrado, pero nunca llegó el 'OK' de arriba para formalizarlo y la delantera alemana terminó renovando con el Bayern-, ha sido renovar a las piezas clave, con aumentos salariales lógicos.
Jugadoras titulares en el Barça, sin embargo, cobran bastante menos que algunas suplentes en el Chelsea, OL o Arsenal, y aun así han querido seguir. El objetivo es claro: que el próximo verano, cuando varias estrellas de presente y futuro acaben contrato y quieran quedarse (Cata, Pina, Ona y compañía), el club tenga margen para renovarlas. Por eso ahora tocaba apretarse el cinturón. ¿Mi ‘pero’? Habría sido mejor vender o rescindir ya a las jugadoras que no quieran seguir a partir de 2026, aunque eso depende también de ellas.
En definitiva: el Barça femenino, que ha sido el mejor equipo del mundo y ha cambiado la historia, compite en el escenario más difícil posible: económico y de producto. Es una pena y da mucha rabia que no haya nadie de los que mandan en España para que cambien las cosas. Y lo que ha logrado —dentro y fuera del campo— vale todavía más, porque lo ha hecho luchando contra las reglas más duras. El Barça sigue dominando, pero con las manos atadas, y eso hace que sus éxitos sean aún más impresionantes y el reto, más grande
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