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Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

El espejismo del Real Madrid femenino

Irene Paredes marcó el tercero del Barça

Irene Paredes marcó el tercero del Barça / EP

Cierta rumorología había servido como prólogo para el clásico de la Champions femenina. Una letanía se repetía cada cierto tiempo. 'El Madrid ha mejorado mucho'. 'El Madrid ha dado un paso adelante'. 'El Madrid está cada vez más cerca del Barça'. Eran sensaciones, más que datos, porque lo cierto es que el Barça había superado con creces al Real Madrid cada vez que se enfrentaron en los últimos meses, en diferentes competiciones. El dato mata al relato, como se suele decir últimamente.

Ese espejismo, si es que alguna vez existió, quedó totalmente diluido en el Alfredo di Stéfano. En plenos cuartos de final de la Champions, el Real Madrid apenas logró plantar cara al Barça. A los 20 minutos de partido, el Barça dominaba 0-2. La sensación que transmitía el partido era, como tantas otras veces, que un equipo podía abrumar al otro, a poco que apretase un poco el acelerador.

Una jugada definió el partido: a la media hora, un error de Irene Paredes, que no acertó en la cobertura, dio pie al gol de Caicedo: 1-2. Pero inmediatamente después, como si quisiera redimirse cuanto antes, la central vasca marcó de cabeza a la salida de un córner. 1-3. Paredes apenas se concedió tiempo para digerir la jugada del gol del Madrid: lo compensó con solvencia en menos de un minuto.

Así funciona este Barça: es un equipo capaz de compensar rápidamente sus errores, si los comete. Es un equipo, además, que sabe cuándo activarse y cuándo puede permitirse el lujo de descansar, cuando el calendario de Liga se lo permite.

El primero de los tres clásicos confirmó las sensaciones que muchos tenían, pese al discurso soterrado que circulaba en algunos mentideros de Madrid: el Barça sigue estando muy por encima del Madrid. Nadie niega que el Madrid haya mejorado en los últimos meses (lo cual, por cierto, es buena noticia para el Barça).

Pero al equipo blanco aún no le alcanza para mirar a la cara al Barça. Unas son candidatas de pleno derecho a ganar la Champions (tras perder la final del año pasado). Otras están aún lejos de llegar siquiera a la final. Es la gran diferencia entre un equipo y otro, por más que la distancia se acorte.

Es la gran diferencia, pero no la única: un club abre su estadio para los grandes partidos de Champions. Otro prefiere no hacerlo, por razones que nadie acaba de entender (el Real Madrid es el único grande de Europa que no permite a sus jugadoras disfrutar de su gran estadio).

¿O era solo un espejismo?