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Españoles, Franco, ha muerto

Franco Mastantuono y Kylian Mbappé durante el Real Madrid -Osasuna de LaLiga 2025/26

Franco Mastantuono y Kylian Mbappé durante el Real Madrid -Osasuna de LaLiga 2025/26 / EFE

¿Recuerdan? Hace ya 50 años, pero como cuesta… Hoy, si me lo permiten, voy a realizar un ejercicio paranoico: Les voy a pedir que dejemos de hablar y se deje de dar notoriedad a un tema del que hablaré en esta “Contra”. Extraño, lo sé, pero, ¿Cómo hacerles la petición de acallar una vergüenza, sin referirme a ella?

Franco Mastantuono, ese culé de cuna y corazón, ha debutado con el Real Madrid… La presentación que debería haber sido celebrada en Chamartín como la irrupción de un futbolista que augura futuro y espectáculo, no pudo serlo. Grupos de cretinos nostálgicos de las vergonzosas palizas impregnadas de efluvios pestilentes de Varón Dandy, Ducados y Soberano que, durante décadas, fueron el día a día en este país, la convirtieron en una provocación y en un insulto a las víctimas del franquismo, a la democracia y a la libertad vociferando el cántico que acompañó durante 40 años el terror en su España: “¡Franco, Franco, Franco!”.

No les demos bola

Sí, señores, esa mierda se grita actualmente en el Bernabéu aprovechando perversamente la coincidencia de nombres, siendo del todo conscientes, y sin que la gente de bien mueva un solo dedo para evitarlo. Silenciemos para siempre ese lamento cavernario. No les demos bola. Cada vez que los citamos, les damos oxígeno, y con oxígeno, hacen lo propio de los primates: Golpearse el pecho, chillar y provocar salvajemente. Dejemos de hablar de ellos. La indiferencia es el mejor pesticida contra la nostalgia del NO-DO y sus desfiles. Ni titulares indignados, ni debates televisivos: Silencio.

La Liga por suerte, ya juega en HD y con fibra óptica y a quienes todavía quieren arrastrarnos a la caverna, lo mejor es recordarles que los tiempos en que nos asustaban han caducado como la impunidad de sus palizas a las esposas poco solícitas.

Que brillen Lamine y Mastantuono

Y es que mientras ellos gritan consignas momificadas, nuestros jóvenes viajan, la ciencia avanza y la sociedad abre sus brazos al amor sin certificado de matrimonio. El contraste entre lo que somos y lo que pretenden, es demoledor: La diferencia entre homenajear la luna del parabrisas o rendirse al retrovisor. Mastantuono ha de simbolizar una generación que invoca al futuro, el arte y a pensar en plural. Y frente a esa luz, el Madrid, tiene la obligación social de condenar y acallar ese ruido nada casual: Una ofensiva trompeta desafinada.

Así que dejemos que los Lamine Yamal y Mastantuono, brillen. Y a los otros, a los de los gritos obscenos, concedámosles el silencio que tanto temen. ¿Estará el R. Madrid a la altura? Su historia invita poco al optimismo. Veremos.