El Espai Barça tiene el objetivo de convertir al club en la envidia del mundo

El Espai Barça no puede esperar ni un día más

OPINIÓN

Toni Frieros

Hay momentos en la vida en los que hay que tener la suficiente altura de miras como para dejar las rencillas a un lado. Olvidarse de los egos y aparcar las diferencias. En el FC Barcelona, los famosos ‘ismos’. Si anteponemos el beneficio común a las cuitas personales saldrá ganando la entidad, que es ahora lo que necesita. Urgentemente.

Este domingo se somete a referéndum la aprobación de la financiación del proyecto Espai Barça. Con el aliciente de que se hará de forma telemática por primera vez en la historia de la entidad. Esa ya es, por si misma, una extraordinaria noticia porque, como defendió Víctor Font en la Asamblea de Socios Compromisarios del 6 de octubre de 2019, se trata de hacer un Barça más abierto, democrático y participativo. Esta bandera que ha sabido coger acertadamente la junta de Laporta (la autorización la dio la Generalitat de Catalunya el pasado 20 de enero) tiene que ser la primera de muchas más. Una potente herramienta, nueva e instantánea, que pondrá de verdad al socio en el centro del club.

No importa ahora lo que opinara Laporta en 2015 sobre el Espai Barça elaborado por la junta de Bartomeu; no importa tampoco si brilló por su ausencia una estrategia comunicativa de club antes de la última Asamblea de octubre sobre esta cuestión; no importa qué porcentaje de este proyecto es de la junta anterior o de la actual... Ahora lo que está en juego es el futuro del club y en esto sí estamos todos de acuerdo: nada ni nadie está por encima del FC Barcelona. Ni Leo Messi, como se dijo en su día.

El FC Barcelona tiene la imperiosa necesidad de volver a ser competitivo, a vislumbrar un futuro espléndido, a tener la capacidad de luchar de tú a tú contra los clubs-estado, a disfrutar de un estadio y un entorno moderno, modélico y sostenible. Todo eso será posible si el Espai Barça sale adelante.

El club llega tarde, muy tarde. Es el único grande de Europa que no ha modernizado su estadio ni le extrae toda la rentabilidad económica necesaria. Ahora existe la oportunidad de revertir esta situación, pero las máquinas han de entrar en el Camp Nou ya, en cuanto se acabe la Liga.

Y a los socios, si las obras deben compaginarse con los partidos, paciencia. Valdrá la pena porque, una vez terminado el Espai Barça, la ciudad de Barcelona tendrá un icono arquitectónico único en el mundo. Y el club, el mejor estadio posible.

Eso sí, como prometió el directivo Jordi Llauradó, una persona recta y ecuánime, el club debe ser transparente en cada contrato y concesión que firme. Fiscalizar el recorrido de las obras será la obligación de todos, tanto como votar mañana sí a la financiación del Espai Barça. El futuro del club depende de ello. 

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