Samuel Umtiti, durante el partido contra el Sevilla

Los errores defensivos obligan a una proeza

OPINIÓN

Lluís Mascaró

@LluisMascaro

El Barça lleva casi dos años sin ganar un título. Concretamente desde el 27 de abril del 2019. Aquel sábado por la noche, el equipo blaugrana conquistó su vigesimosexta Liga con una victoria ante el Levante por 1-0. Con gol, por supuesto, de Messi. Han pasado casi 21 meses y medio. Exactamente 655 días. Y, desde entonces, todo ha ido mal. O peor. Tanto en el Barça como en el mundo. La vida antes de la pandemia era más feliz para todos. También, por supuesto, para los culés. Que han visto, desesperadamente, como su equipo se ha ido diluyendo al mismo tiempo que se iba dinamitando el club con una triple crisis deportiva, económica e institucional que ha desembocado en la actual situación. Aquella Liga de la temporada 2018-19 fue la segunda (y última) de Valverde. El Barça conquistó el título con tres jornadas de antelación, después de haber perdido solo 2 partidos de 35. Y nada (o casi nada) hacía presagiar la terrorífica hecatombe posterior... aunque ya había claros síntomas de decadencia en Europa tras las debacles de Roma y Liverpool. El doloroso KO en la final de la Copa ante el Valencia, un mes después, fue el principio del fin de una agonía que todavía no ha terminado. Porque el nuevo/viejo Barça que está construyendo Koeman tiene graves carencias defensivas para ser un equipo campeón. Va creciendo a través de victorias épicas, pero anoche sufrió un revolcón en Sevilla que le aleja de otra final de Copa. 

Nuevamente los errores en la retaguardia pasaron factura. Una factura muy cara. Las lagunas en la zaga (Umtiti, otra vez, quedó retratado) son el gran lastre de un equipo que ofensivamente ayer, además, se encontró con un muro llamado Bono, que le amargó el partido a Messi. El crack argentino, acostumbrado a marcarle goles al Sevilla (es su víctima predilecta: hasta ayer 37 tantos en 40 partidos), se quedó en blanco gracias a las providenciales intervenciones del portero sevillista. Este Barça acostumbrado a las remontadas deberá demostrar en el Camp Nou si es capaz de lograr otra proeza que le acerque a su primer título en casi dos años. Difícil. Pero no imposible.

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