Opinión
Empezó la carrera

Laporta lidera un proyecto basado en su liderazgo carismático / Enric Fontcuberta / (EPA) EFE
Pistoletazo de salida (electoral). Aunque el calendario no lo ha hecho explícito. El presidente decidirá cuando quiere jugar este partido. Esa es su ventaja, estar dentro la otorga. En el Barça, las elecciones nunca esperan. Ni respetan tiempos. Ni permiten silencios largos. Los estatutos son criminales en la gestión de plazos. Víctor Font lo sabe. Parece que ha entendido cuál era su talón de Aquiles. ¿Habrá sacado lecciones de su primera experiencia? Ahora va a jugar distinto. Con menos personalismo. Con más amplitud. Trata de aglutinar y se acompaña bien. Ha reunido a muchos, aunque aún falta gente. Eso nunca ha sido garantía de nada. Esto no va de uno contra uno. Es consciente de que una oposición fragmentada, no gana nunca. Esa sería la ventaja del candidato fuerte: dividir. Saldrán galgos para hacer de comparsa en la carrera. Algunos encubiertos, otros con ganas de protagonismo, siempre ha pasado. Su gesto es poco habitual en el ecosistema azulgrana: dar un paso atrás para avanzar. Invitar a otros. Tender puentes. Es consciente de que sumar es luchar. Su uno a uno contra Laporta es débil y requiere guardia pretoriana. Aglutinar sensibilidades que normalmente compiten entre sí. Hablar de proyecto antes que de nombres. El ego gana y pierde elecciones.
La junta actual representa lo contrario. Sólida solo por un punto: el liderazgo de su carismático presidente. Poco o nada más. Su protagonismo es su escudo. A su alrededor suma comparsas. Y cortina. Descompensada. Sin voz coral. Un gobierno monárquico y un hombre fuerte que no aparece en los créditos. Cada vez más evidente. Empieza a parecer un rey desnudo. Con un palacio lleno de ecos y pocas certezas. Pero Laporta es mucho Laporta. La afición lo intuye. Lo comenta. Lo masculla en el estadio y en la calle.
Siente que se acerca una decisión de fondo. Más que un voto, ¿un plebiscito? Una especie de consulta emocional. ¿Qué Barça quiere el barcelonismo? El Barça del líder que todo lo decide. Un modelo que huele a fútbol antiguo. A esa época de dirigentes que se creían personajes de una novela costumbrista. Que utiliza la ocurrencia o el gesto teatral. Ese fútbol de Gil y de Lopera. ¿Nos contentamos con el anti-Florentino? Las elecciones demostrarán si el aficionado solo mira la pelota, el marcador y los títulos. Estos encumbraron al presidente más débil de la historia del club (¿se acuerdan?). Influirán eso y el retorno al estadio, en positivo o negativo. Será un referéndum. Un Barça individual o coral. De adrenalina o gestión. De seny o rauxa. Parece el momento propicio para enterrar los ismos en la memoria culé. El Barça es tan política como deporte, aunque los políticos nunca lograron controlarlo. Esa es nuestra fuerza. En definitiva: el soci en el diván.
Me perdí el acto, estaba de viaje, pero habría ido. Visto desde la red, suena a propuesta grandilocuente. Nota al margen. Esta semana pasada se demostró que el auténtico monarca se llama Leo Messi. No juega pulsos, los gana, le adoramos. La última vez le utilizaron para después matarle por la espalda. Decidirá él solito si interviene en campaña. La carrera ha empezado sin que nadie lo anunciara. El voto definirá qué club queremos. Tic-tac.
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