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La EHF vomita encima de su propia Champions

La sanción de un partido a Carlos Ortega por el incidente que inició Xabi Sabaté es una vergüenza con todas las letras

Xavi Sabaté y Carlos Ortega, un agravio comparativo

Xavi Sabaté y Carlos Ortega, un agravio comparativo / EFE / DANI BARBEITO

Si alguien asiste por primera vez a un partido de la Champions League de balonmano, lo primero que le sorprenderá es el papel de los delegados de la Federación Europea (EHF). Presentados como estrellas de rock junto a los jugadores, algunos incluso se giran para saludar al público como si fuesen Cristina Aguilera o Enrique Iglesias.

Es un ejemplo de cómo funciona esta organización aburguesada, con el austríaco Michael Wiederer como presidente desde 2016... tras 24 años como secretario general. 33 años de nada. ¿Cómo van a cambiar las cosas? Pues siempre más de lo mismo. La incapacidad del organismo para generar recursos lo obliga a prostituir la Champions con Finales a Cuatro por decreto en Colonia.

El resto de clubs preparan la temporada y, hagan lo que hagan, están condenados a jugar contra un público mayoritariamente alemán. Y claro, los árbitros suelen contagiarse del ambiente y los equipos de otros países lo sufren, como le ha pasado al Barça o al Kielce de los Dujshebaev (final de 2023). Pregunten a los clubs no alemanes.

Carlos Ortega, en SPORT tras ganar el Mundial de Clubs

Carlos Ortega, en SPORT tras ganar el Mundial de Clubs / DANI BARBEITO

Aunque claro, uno mira a la Federación Internacional (IHF) y es todavía peor. Para muestra, un botón. Este organismo, que ya asume la organización del Mundial de Clubs tras la era de la Super Globe, la envía a Arabia o a Egipto, con pabellones vacíos y en ocasiones con TV tan solo por 'Youtube'. ¿El motivo? Poderoso caballero, don dinero.

Volviendo a la EHF, uno analiza situaciones y se imagina a sus dirigentes con el atuendo de la Edad Media en España, con aquellos trajes y aquellos cabellos blancos postizos. Tan solo así se explica la sanción que ha recibido Carlos Ortega por lo sucedido a la conclusión del partido en el que borró de su propia pista al Wisla Plock de Xavi Sabaté (24-34).

Los entrenadores no se llevan bien desde que compartieron banquillo en el Veszprém. ¿Qué hizo Ortega en Plock? Pues cometió el 'delito' (parece que muy grave) de pedir un tiempo muerto a 30 segundos del final para preparar una última jugada que se le suele resistir al equipo.

Sabaté se lo tomó como algo personal y montó un altercado al que respondió Ortega. ¿Y qué ha hecho la EHF? Imponer una multa económica a ambos y sancionar con un partido al entrenador azulgrana. ¡Pues el jueves que viene el cuadro polaco visitará el Palau con Xavi Sabaté en el banquillo!

Por desgracia no es la primera vez que Sabaté tiene problemas con otros colegas de profesión. No en vano, estuvo en todas las portadas. El hispanokirguís Talant Dujshebaev, un tipo tan vehemente como directo, lo acusó de haberle llamado 'puto chino' en el enfrentamiento que tuvieron tras un Wisla Plock - Kielce hace exactamente un año.

La Federación de Polonia impuso a ambos seis partidos de sanción. Ahora la EHF castiga tan solo a Ortega. El Barça recurrirá, pero... ¿alguien recuerda la serie 'Águila Roja' de RTVE? ¿Recuerdan lo que sucedía cuando un preso trataba de recurrir? Pues la Edad Media y EHF se dan la mano. ¿Qué me harán en represalia? ¿No acreditarme para una Final Four? Tranquilos, sobreviviremos.