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Serena levantó la polémica tras la final

Discúlpese señora Serena Williams

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Perdón, señora Serena Williams, es usted una de las más grandes deportistas, hombres y mujeres, que ha nacido en el planeta Tierra. Perdón, mamá Williams, es usted un auténtico prodigio de la naturaleza. Perdón, Serena, pero nos debes una disculpa a todos, pues todos fuimos, el sábado por la noche, el señor Carlos Ramos, un portugués que solo cumplió con su profesión, que era aplicar el reglamento, un árbitro de los pies a la cabeza.

Perdón, señora Serena Williams, pero usted, esa tarde-noche, se equivocó tanto, tanto, tanto, que me extraña que no haya utilizado (como ha hecho en tantas y tantas ocasiones) sus redes sociales, su ‘comunity manager’, para decirle al mundo, eso, que se equivocó, que cometió varios, muchos, demasiados, errores. Y lo peor, creyó usted, por lo que parece, por lo que denuncia su silencio, que usted, mamá Williams, hacía santamente comportándose como lo hizo.

Perdón, señora Serena Williams, usted puede ser todo lo líder de causas sociales que quiera, sí, pero lo que usted hizo, en la final del US Open, en la final que podía aumentar aún más su enorme prestigio deportivo, fue lamentable, impresentable e indigno de alguien que dice haber hecho tanto para que este mundo sea mejor y más justo.
Perdón, señora Serena Williams, pero el caballero portugués que ejercía de árbitro, el maltratado por usted señor Carlos Ramos, no le robó nada, no mintió nunca, simplemente aplicó el reglamento que, posiblemente, usted misma ayudó a redactar y, hasta esa misma noche, defendió con fervor.

Perdón, señora Serena Williams, todo, absolutamente todo, lo que le ocurrió a usted esa noche es que perdió, de forma espectacular y estrepitosa, ante una joven fantástica, ante una de las tenistas del futuro, la japonesa Naomi Osaka, de 20 años, que, si usted fuese lo que dice ser, es decir, un modelo, debería de haberse rendido ante su superioridad y, sobre todo, haber sido lo suficiente humilde y generosa como para no amargarle el que debía ser el día más feliz de su vida, pues veremos si tiene otra oportunidad como esa. Fue usted peor que Cristiano Ronaldo la noche que el Real Madrid ganó su tercera Champions consecutiva.
“Soy madre, antes pierdo que hacer trampas”. Perdón, señora Serena Williams, ¿a qué viene ese comentario? ¿qué tiene que ver con el tenis? ¿qué tiene que ver con la ilegalidad que había cometido (como así reconoció él mismo) su entrenador, Patrick Mouratoglou? ¿Se imagina usted a Messi dirigiéndose al árbitro y diciéndole “perdone, pero soy padre, antes pierdo que hacer trampas”, después de que no señalase un supuesto penalti”. Por favor.

“Eres un mentiroso, un ladrón y no volverás a sentarte en esa silla para arbitrar un partido mío”. Perdón, señora Serena Williams, se imagina usted a LeBron James diciéndole eso a un árbitro de la NBA. No, perdone, no, pero lo único que hizo el bueno de Ramos es comportarse como un juez con el reglamento en la mano. ¿No le gustó a usted?, qué mala suerte.

“Todo esto me lo haces porque soy una mujer y lo sabes. Si fuese un hombre, no me harías esto. Estas atacando mi personalidad”. Perdón, señora Serena Williams, tal vez ya no llegue a tiempo de pedir disculpas pero el mundo que usted ha contribuido a que sea más justo y, tal vez, mejor, merece saber que esta defensora de causas nobles, esta madre, reconoce que se equivocó el sábado. Y mucho. Yo diría que demasiado. Tanto como para dudar de todas esas cosas maravillosas que usted, señora Serena Williams, ha conseguido. Sin trampas, siendo madre y mujer.

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