El dilema del negocio con el Camp Nou

El dilema del negocio con el Camp Nou

Marc Menchén
El Camp Nou, anoche
El Camp Nou, anoche | sport

Los turistas fueron durante años la gasolina que alimentó el motor del Camp Nou como negocio. La máquina funcionaba, hasta que este jueves se evidenció que el sistema tiene fallas si no se gestiona bien. El FC Barcelona consiguió tres millones de euros con la taquilla frente al Eintracht de Frankfurt, pero con la factura de que ver el estadio con más de 30.000 aficionados alemanes que quién sabe cómo influyó en el resultado. La recompensa por pasar de ronda con los pagos de UEFA era mayor.

El club se ha enfadado consigo mismo por la pésima gestión que se ha hecho, máxime cuando días antes solicitaba la liberación a los socios para poder vender. Ahí la responsabilidad recae en la dirección, encabezada por el presidente ejecutivo, Joan Laporta. Si el problema hubiese sido de reventa, no estarían esos tres millones.

Dicho esto, lo ocurrido abre un debate más profundo sobre la figura del abonado y la interpretación que cada uno hace de ésta. El Barça tiene 85.000 abonados que pagan 43 millones de euros anuales, a los que se añaden 18 millones más por las cuotas sociales del resto. Mucho dinero, pero que podrían ser más, y eso, no lo olvidemos, serviría para aumentar la competitividad deportiva.

De no ser por el desembarco alemán que pilló a todos por sorpresa, excepto a ellos y presuponemos a quien en el club vio cómo se vendían entradas a un ritmo atípico, todo apuntaba a una situación como la del día del Sevilla FC, con 22.000 asientos vacíos y el Barça sin poder vender más. Este es un mal crónico de la entidad, que históricamente no ha conseguido que el Seient Lliure funcione, por más que uno pueda recuperar hasta el 95% del precio del abono. ¿Qué supone esta ineficiencia? Hablamos entre un millón y cuatro millones de euros por partido. Más de 20 millones de euros por temporada. La nómina anual de una estrella del primer equipo.

Muchos socios dirán que “para que el club haga negocio, lo hago yo”, tan lícito como hacerle ver que su lucro personal va en detrimento de la buena gestión del club del que es propietario. Y eso podría implicar perpetuar el bajo precio del abono, dar ventajas al socio o tener más dinero para fichar. Tres datos: el récord de asistencia media al Camp Nou en la última década fue en 2015-2016, con 77.989 personas; cada año se liberan entre 22.000 y 28.000 asientos, y un 20% de abonados ni va, ni cede la butaca.

Y aun así, en 2018-2019 se batió el récord de facturación del Camp Nou, con 72 millones. Y en ese profundo proceso de reflexión sobre derechos y deberes de los socios, facilitar que el Barça saque rendimiento de esos asientos si no se van a usar debería ser más una obligación que una opción.

 

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