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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

¿Tan difícil es reconocer que el problema del Madrid se llama Florentino?

Babbel estalla contra Florentino y el Real Madrid

@Radioestadio

El Real Madrid se descompone en directo a plena luz del día, pero el entorno blanco sigue poniéndose de perfil, haciendo ver que es un problema estrictamente deportivo. Una vez más, las miradas se dirigen únicamente al banquillo. ¿Se imaginan qué sucedería en Barcelona si, tras fichar al supuesto mejor jugador del mundo, el equipo se pasara dos temporadas seguidas sin jugar a nada?

En la capital, y sus medios afines, se impone una curiosa metodología analítica, que consiste en hablar de los árboles sin mencionar nunca el bosque. Cada partido, cada derrota, se trata como un asunto autónomo, desligado del conjunto. Aquí falló Mbappé, allá fue culpa del entrenador, aquel día fue la defensa. Periodistas sesudos nos advierten que no ha funcionado este o aquel fichaje, o sobre la mala suerte de esta o aquella lesión. En realidad, las disecciones son siempre parciales porque de lo que se trata, precisamente, es de no mirar jamás hacia arriba.

En Madrid, solo existe una crisis posible, la del banquillo. Nunca se discute la dirección deportiva, ni la ideología del club (si es que la hay), ni por supuesto la presidencia. Tras los fracasos consecutivos de Ancelotti en su último año, Xabi Alonso y Arbeloa, la maquinaria mediática de la capital se dispone a inocular en el entorno el debate del próximo entrenador, como si nada hubiera sucedido. Hasta ahí ya hay quien desliza la opción grotesca de Mourinho como si fuera algo normal y digerible. 

La realidad, tozuda, es tan sencilla como dura de digerir para el madridismo: desde el renacimiento del Barça de Flick y Lamine, el Madrid ha entrado en barrena. Su modelo de fichar estrellas se tambalea frente al modelo de la cantera del Barça, y su fútbol sin rumbo ni ADN va dando bandazos en función del último nombre que ocupa el banquillo. El modelo de gobierno es totalmente piramidal, en el que todo, incluso una dirección deportiva de cartón-piedra, está sometido a la última palabra del emperador. Pero este sistema semifeudal solo se aguantaba con ganar, la única idea sólida que ha sustentado el programa presidencial. Pero han bastado dos años en blanco para desnudar una institución sin organigrama, sin ideología y sin proyecto, sujeto al capricho de una sola persona. Como un viejo resorte, y a las puertas de una durísima travesía del desierto, se intenta focalizar en el dedo que señala la luna para no tener que afrontar que, efectivamente, el problema del Real Madrid no es de Huijsen, ni de Vinicius, ni de Arbeloa, ni de Mbappé. ¿Tan difícil es reconocer que el problema del Madrid se llama Florentino Pérez?