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Opinión

Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Subdirector de SPORT

La diferencia entre ser Messi y seguir su camino

Lamine le dedica su Laureus a Leo Messi

Denís Iglesias

Lamine Yamal recogió anoche su segundo Laureus consecutivo y dijo algo que pasó casi desapercibido entre los agradecimientos y los flashes. No dijo "quiero ser Messi". Dijo "ojalá poder seguir su camino". No es lo mismo. No se parece ni de lejos.

Ser Messi es imposible. No porque Lamine no tenga talento, sino porque Messi no se repite. Ocho Balones de Oro, cuatro Champions, un Mundial, veinte años en la élite sin una sola temporada prescindible. Eso no es un listón alto. Es una categoría propia que el fútbol tardará décadas en volver a ver, si es que la vuelve a ver.

El problema es que llevamos años cargando ese nombre sobre jugadores que no lo pidieron. Bojan lo sufrió. Ansu Fati lo sigue pagando. Y Lamine, desde que tenía 15 años, lleva el apellido del argentino pegado como una etiqueta que nadie le preguntó si quería, incluso en SPORT les fotografiamos cuando Lamine aún no se sostenia en pie. Las comparaciones son generosas en la subida y brutales en la caída.

Por eso importa lo que dijo anoche. "Seguir su camino" no habla de títulos ni de récords. Habla de actitud, de respeto al juego, de durar. Messi no es grande solo por lo que ha ganado, sino por cómo llegó a cada temporada, por cómo trató (y sigue tratando) el fútbol durante dos décadas. Eso sí se puede intentar imitar.

Con 18 años y dos Laureus en el bolsillo, Lamine demostró que entiende algo que muchos aún no han procesado: la grandeza de Messi no está en los números, está en la continuidad. Y aspirar a eso, sin más, ya es una declaración de madurez poco habitual a su edad.

El camino es largo. Pero al menos sabe cuál es.