Agassi, una vida intensa

Desmontando a Agassi: tenis, metanfetaminas, pelucas y redención

OPINIÓN

Dídac Peyret

@didacpeyret

Leo en las redes: “ser un gilipollas se mide mucho más por tus niveles de soberbia que de desconocimiento”.

Asiento y me pregunto: ¿Cuántas mentiras se esconden detrás de una verdad? Desconfío de la gente que proclama con ímpetu que no duda

Los mayores cretinos que he conocido en mi vida lo tenían todo clarísimo y se tenían en gran estima.

Es fácil detectarlos porque solo se escuchan a sí mismos, tienen menos empatía que una ameba y ordenan el mundo entre los que están con ellos y los que están en su contra.

En general son bajitos, hablan muy alto y opinan de todo. Agassi me cae bien porque duda. También porque es capaz de desafiar el postureo del tenis con unas mallas rosas y una peluca ochentera del Tiger. 

Queda claro en su fantástico libro de memorias, ‘Open’. Agassi duda un montón y odia el tenis, pero gana mazo. Y eso está muy bien porque rompe con esa idea mezquina de que la indecisión es el preludio de la derrota y que lo que hacemos para pagar el alquiler tiene que gustarnos todo el rato. 

Dice Iñaki Uriarte en sus diarios:

“En efecto las ideas claras sirven para hablar, pero casi siempre obramos movidos por alguna idea confusa. Ellas son las que conducen la vida. Me parece un exceso de optimismo el de Joubert. Las ideas no suelen estar claras ni al hablar”. 

Y así veo yo una poco la vida. Cada uno tiene su propio monólogo interior pero la confusión es constante.

La duda funciona como las cosas que dejas a medias; puedes aparcarlas un ratito pero siempre andan por ahí, esperando su momento, para poner tu vida patas arriba.

Supongo que madurar debe ser aprender a caminar con la incertidumbre en los talones.

Agassi acepta eso y termina abrazando sus contradicciones. Pero antes sufre el síndrome del impostor y consume metanfetaminas.

“No concibo que toda esa gente quiera parecerse a Andre Agassi dado que yo no quiero ser Andre Agassi”.  

Sus memorias son un recorrido brutal por todos sus demonios y fantasmas.

Agassi se abre en canal y escoge la mejor pluma, el Pulitzer J. R. Moehringer, para desmontar su mundo interior.

Lo que encontramos en sus páginas, como dice Jesús Carrasco en la contraportada, “no es una biografía, sino algo que te ha sido confiado por un amigo”.

Y es en esa forma de desnudarse, tan incómoda como reveladora, donde encontramos el atractivo del libro. 

Los libros de autoayuda deberían ser como las brutales memorias de Agassi

“Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida”, suelta Agassi con la misma fuerza de su revés. 

Hay una expresión valenciana que me descubrió esta semana M. A. que es una genialidad y resume un poco lo de Agassi.

Viene a decir que a veces vamos desbordados y superados por las circunstancias. Un poco lo de este 2020 para que nos entendamos.

Ellos, los valencianos, lo llaman vaig com cagalló per sèquia. Literalmente “ir como un zurullo por la acequia”. 

A Agassi le pasó un poco con el tenis y la alopecia. Pero terminó saliendo del agua, miró sus mierdas y dejaron de parecerle tan mal.

“¿Me contradigo? Pues muy bien: sí, me contradigo. Jamás pensé que ése fuera un punto de vista aceptable. Pero ahora me rijo por él. Ahora es mi Estrella Polar”. 

Senna, la fe de un Dios

Si la vida exige un salto de fe para salir adelante imagínate al volante de un F1.

Hay que ser de una pasta especial para competir ahí dentro. Pero no basta para ser el mejor.

Para eso hay que ser como era Senna; hay que estar más obsesionado que el resto y saber engañar al miedo.

Senna, ídolo trágico

| AFP

El brasileño lo lograba porque se sentía un escogido por Dios. Estaba bendecido y competía sintiéndose invulnerable.

Ese halo de inmortalidad y magnetismo están muy presentes en este deslumbrante documental de Asif Kapadia, uno de los grandes del género.

Un viaje hipnótico por la trayectoria de Senna, que es como ir en un monoplaza de carreras: adrenalina, épica, drama y emoción a flor de piel. 

Senna, el documental

| La portada del cartel del documental 'Senna'

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