Opinión

Colaborador de SPORT
Una derrota necesaria para aprender y volver a ganar

Aitana, desolada tras perder la final de la Champions / Valentí Enrich
En el fútbol no hay nada más peligroso que ganar un partido antes de jugarlo. Sin embargo, el equipo de los prodigios, el Barça femenino, llevaba años desafiando esta advertencia porque llevaba años deslumbrando al mundo y ganando grandes trofeos incluso antes de disputarlos. Los grandes desplazamientos, como el último de Lisboa, eran simples y alegres peregrinaciones hacia la conquista de un título, y la victoria simplemente se daba por descontada, el peor de los pecados en la alta competición.
La superioridad de Aitana y compañía ha sido tan grande durante tanto tiempo que todos, los primeros los medios, no terminábamos de creernos que nadie pudiera doblegarlas. Hasta que llegó el Arsenal de Kelly, Mariona y de la letal Blackstenius (recordaremos el nombre de la delantera sueca durante mucho tiempo) y con mucha disciplina, orden táctico y un gran esfuerzo solidario fueron capaces de vencer por fin al equipo invencible.
Fue una derrota, por cierto, bastante parecida a la del Barça de Flick en Milán: el equipo fino y tocador se encontró con su letal ‘criptonita’. El Inter masculino y el Arsenal femenino estudiaron perfectamente a su rival, y con un poco de coraje, mucho sacrificio y una indudable dosis de suerte, lograron imponerse a un equipo netamente superior. En el caso de las de Pere Romeu, la gran decepción de Lisboa debe dejar paso rápidamente a un necesario aprendizaje.
La primera lección es elemental: ser favoritas no sirve de nada, o hasta puede ser contraproducente ante rivales como el Arsenal, que llegó a la final en un inteligente segundo plano, dejando todo el protagonismo a las jugadoras del Barça.
Hay más lecciones, como por ejemplo que la dirección técnica debe tener un plan B cuando se encuentra contra equipos que, como el Arsenal, juegan a ahogar a Alexia, Aitana o Graham: excepto los primeros veinte minutos de la segunda parte, el Barça fue un equipo sin ideas y excesivamente horizontal. También dieron la sensación de terminar el partido físicamente peor que el Arsenal y psicológicamente noqueadas y sin reacción tras encajar el gol.
Por último es una lección el gran partido de Mariona Caldentey, que culmina una gran temporada, y confirma que una futbolista de su nivel nunca debió abandonar el club. La lección con Mariona es que el talento de verdad debe retenerse, sobre todo cuando ya está probado dentro de casa. Estamos, pues, ante una derrota dura, que sin embargo es una oportunidad única para corregir defectos, algunos de los cuales se iban tapando con la racha memorable de triunfos de este equipo excepcional.
Pero el fútbol no perdona: si se quiere estar arriba, la exigencia tiene que ser máxima. Desanimarse no es una opción, pero hay que descifrar correctamente los mensajes que deja el batacazo de Lisboa.
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