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Deco se atreve con lo más difícil: gestionar el éxito

Deco sigue trabajando en la planificación de esta temporada

Deco sigue trabajando en la planificación de esta temporada

En el deporte de élite lo más difícil, con diferencia, es la gestión el éxito. Cuántos proyectos tuvieron un mal ocaso por no haber tomado decisiones impopulares a tiempo. El Barça tiene un paradigma muy cercano en su generación de oro. Alargó contratos a treintañeros, con cifras crecientes, retribuyendo antes al mito que a su presente. El desenlace resultó funesto. Cuando el barco se hunde, ser director deportivo es sencillo. Puedes confundirte - el Barça se confundió mucho -, pero todo el mundo entiende que muevas el árbol. La dificultad de este negocio radica en tocar lo que funciona. A eso, por miedo al error o a salir retratado, ya no se atreven tantos. Pero es la clave: arriesgar hoy para no morir mañana.

El Barça de Hansi Flick ha ganado tres títulos pero aún arrastra sombras. Tiene un roster corto, especialmente en ataque, donde Flick no ha creído - equivocadamente - en jóvenes como Pau Víctor o Pablo Torre. El equipo hizo un 6 de 24 en invierno, no encontró recambio para Lamine, metió a siete futbolistas rondando los 5 mil minutos y Sommer le ganó a Szczesny en Milán. Era una obligación zarandear la caseta, estirar la plantilla y elevar el listón con piezas de presente y futuro, que pudieran encajar, enriquecer el nivel y alimentar nuevas competencias. El marrón siempre debe ser para el entrenador, nunca para el equipo. En ese proceso de equilibrios, complicado pero valiente, anda Deco. Tanto Joan García, como Nico Williams o Roony Bardghji - y algún otro que puede venir - son producto de apuestas claras, incontestables, económicas y quirúrgicas. El tiempo nos lo dirá, pero esto tiene pinta de mercado histórico. Deco está haciendo deberes y si hay que aplaudirle, se le aplaude. Como se le criticó con Roque.