Griezmann, junto a Quique Setién

El cortoplacismo nos hace más débiles

OPINIÓN

Bojan Krkic

@BoKrkic

Hace algunas semanas escribí sobre Griezmann y el titular era “siempre en mi equipo”. Lo pensaba entonces, cuando las cosas no le iban demasiado bien, y lo pienso ahora, que parece haber encontrado su sitio en el Barça con un par de partidos jugados en una posición que le permite explotar mejor sus virtudes. Llevo toda la vida aprendiendo lo que es el Barça, pero aún me sigue sorprendiendo que, en solo una semana, un futbolista pase de ser prescindible y un fiasco como fichaje a ser la pieza que faltaba para completar el puzle. Antoine era, es y será un enorme futbolista y sus números así lo demuestran, por lo menos en lo que a goles y asistencias se refiere. Otra cosa son las sensaciones, aunque estas dependen en gran medida de lo cómodo que se encuentre el jugador sobre el césped y de que el entrenador sepa tratar y utilizar a jugadores como él.

Zubizarreta dijo en su día que Vermaelen era un fichaje de “rendimiento inmediato”, pero las lesiones no permitieron que así fuera. La experiencia demuestra que presentar de esta forma a un jugador que no ha vestido nunca la camiseta del Barça es arriesgado. Jugar en el  Camp Nou es otra historia y no tiene solo que ver con el talento y la calidad.

Hay jugadores a los que les cuesta más y otros que necesitan menos tiempo para adaptarse, pero todos pasan por su periodo de aprendizaje. No es necesario profundizar en esa cuestión porque hemos tenido ejemplos de todo tipo  a lo largo de las últimas décadas. El problema, y ahí está, bajo mi punto de vista, la clave de todo lo que rodea al Barça es que no hay paciencia. No la hay para dar a Griezmann el tiempo suficiente con el que encajar en un sistema tan singular como el blaugrana, pero es que tampoco la estamos teniendo con otros futbolistas como De Jong, del que estoy leyendo ya algunas críticas cuando, hace solo un año, debía ser el estandarte de una nueva era. ¡Incluso llegaron a compararle con Cruyff! Los únicos a los que el entorno parece dar algo de tiempo es a los canteranos como Riqui Puig o Ansu Fati, aunque tampoco ellos se libran de la ferocidad dialéctica del ecosistema mediático del Barça.

Esta tendencia a lo inmediato, al análisis basado en lo que acaba de pasar, convierte al Barça en un club enganchado al día a día, sin perspectiva, sin planificación a largo plazo. Que el equipo jugó un gran partido en Villarreal es tan cierto como que los castellonenses son uno de los mejores rivales posibles para el fútbol que ofrece el Barça. De nada sirve un partido así si, ante el Espanyol, no se encuentra la fórmula para repetir sensaciones. Y eso se logra con un plan sólido y alejado del cortoplacismo._Griezmann, De Jong, Ansu o Riqui Puig, además de otros futbolistas, deben ser el presente, pero también el futuro.

ÁNIMO A TODA LA FAMILIA DEL ESPANYOL

El Espanyol no se jugaba nada cuando llegó al Camp Nou el 9 de junio de 2007, pero compitió como si le fuera la vida y, a falta de 17 segundos, Tamudo marcó el gol que dejó sin Liga al Barça. Raúl vivió la otra cara de la moneda en el mismo escenario durante el último derbi cuando, tras el gol de Luis Suárez, la “puntilla” como así lo definió Quique Setién, su equipo bajó a Segunda División. Rufete fue otro de los protagonistas que se alegró entonces y se lamenta ahora. Esto es el fútbol. La rivalidad deportiva, siempre que sea sana, es imprescindible para que este deporte sea lo que es. Y está bien que sea así. De hecho, en mi caso tengo sensaciones diversas según el momento, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que quiero que el Espanyol regrese a Primera División cuanto antes. Creo que es bueno para el fútbol catalán y para el español y porque, además, las grandes alegrías del barcelonismo, más allá de los títulos, llegan cuando ganas a tus rivales más acérrimos, como el Real Madrid o el Espanyol, sobre el terreno de juego.

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