Opinión | Tuercebotas
El consejo de Simeone a Vinicius
El brasileño atraviesa un momento deportivo complicado, evidenciado por su bajo rendimiento, las críticas de la afición y la pérdida de protagonismo en el Real Madrid

Vinícius, otra vez en el centro de la polémica / Efe
Es sencillo despotricar contra Vinicius. Tanto, que empieza a hacerlo su propia afición y sus medios de comunicación afines, los mismos que hasta anteayer le reían y le permitían todas sus gracias, lo elevaron a los altares de los elegidos, decidieron que merecía el Balón de Oro y lo convirtieron en una mezcla de Nelson Mandela y Martin Luther King, con el escudo del Real Madrid. Es sencillo porque vive un momento valle —muy pronunciado— de su carrera deportiva, el Madrid tiene una nueva estrella indiscutible (Mbappé) para relevarlo en sus tiendas de merchandising y porque siempre, incluso en sus momentos álgidos, ha sido mejor futbolista que deportista.
Del amplio catálogo de momentos poco edificantes de Vinicius con sus compañeros de profesión en un campo de fútbol, yo me quedo con uno muy nimio, de impacto insignificante, pero que ejemplifica su forma de ser en el terreno de juego. Corrían los minutos finales de la semifinal de la Champions de la temporada 23-24 contra el Bayern, y se produjo un saque de banda favorable al Madrid. Los blancos, en otro de sus Expedientes X en la competición, habían dado la vuelta al 0-1 bávaro con dos goles de Joselu. Kimmich, con el cronómetro en contra, le dio el balón a Vinicius para que sacara de banda, y en esa ocasión el extremo lo dejó caer en el césped, en un gesto teatral, exagerado, cargado de sorna, mofa y menosprecio. Perder tiempo forma parte de las reglas del juego. Humillar al rival, no. Y de eso, Vinicius, tantas veces víctima del racismo de los estadios, sabe mucho. Esa humillación a Kimmich define la catadura deportiva del jugador.
La misma moneda
Simeone le pagó con su propia moneda en la semifinal de la Supercopa esta semana. Desde el 28 de octubre de 2024, cuando Rodri ganó el Balón de Oro que el Real Madrid había decidido que pertenecía al brasileño, en todos los estadios de España se humilla al extremo con balones de playa.
Pocas veces un declive deportivo puede marcarse de forma tan precisa en un calendario. Ese 28 de octubre de 2024, Vinicius empezó su momento valle. Año y tres meses después, ha perdido todas las competiciones que ha disputado, excepto la Intercontinental, ya no es la indiscutible estrella blanca, tiene en contra a muchas aficiones de la Liga, se ha enfadado con su entrenador, le silban en el Bernabéu y una parte de la prensa amiga lo critica sin tapujos. Parece que ahora sea el primer extremo de la historia del fútbol que pierde la marca en su banda o le cuesta bajar a defender para ser más explosivo en los metros finales, que es donde solía marcar diferencias en sus mejores momentos.
Hay veda abierta contra Vinicius cuando, paradójicamente, si el Real Madrid quiere aspirar a ganar títulos esta temporada, necesita que el brasileño regrese de la playa en la que perdió el Balón de Oro. Pero da igual. Los decibelios a su alrededor no hacen más que aumentar. Igual lo que dijo Simeone en Yeda («Acordate, te va a echar Florentino») no fue ‘trash talk’, sino un consejo de colega a colega.
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