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La voracidad goleadora de Messi no tiene límites

Con o sin The Best, Messi es único y el mejor

OPINIÓN

César L. Menotti

Por primera vez Lionel Messi no está en los premios que otorga FIFA en doce años. Y no lo entiendo. La primera lectura que hago es que estos premios están ligados a los éxitos deportivos. Es incuestionable que tanto Cristiano Ronaldo como Luka Modric y Moham Salah son excelentes jugadores. Pero la ausencia de Lionel Messi en la terna es muy discutible. Injusta. Es como tener hoy a Di Stéfano o a Cruyff y no nominarlo.

Ningún resultado deportivo puede tapar la singularidad del crack blaugrana. El argentino es único. Además de los títulos que logró con el Barcelona, la última temporada, la Liga y la Copa del Rey fue el goleador con 34 tantos y el máximo goleador de Europa sumando la Champions con 45. Además de otros registros que marcan que está en plenitud y que sigue siendo el mejor jugador del mundo. Si se le evaluara por el Mundial de Rusia, hay que decir también que hizo una gran eliminatoria y que clasificó a la selección argentina para el Mundial. La participación de su selección fue floja en la Copa del Mundo. Pero no fue peor que la de Salah.

Hay figuras en el fútbol, como en el arte o la música que su singularidad los hace tener un peso específico, que mientras estén en actividad y en el apogeo son indiscutibles como el capitán del Barcelona. Me pregunto quiénes tomaron la decisión de marginar a Messi de la terna.

No tengo ninguna duda de que Messi sigue siendo el mejor jugador del mundo. Es único y lo confirma en cada partido con su talento, su inspiración y su sabiduría.

Hay veces que los éxitos son tan contundentes que son compartidos de manera mayoritaria en el mundo del fútbol. Y otras que no. Creo que la ausencia de Messi es el ejemplo contrario. Coincidimos muchos en que no se explica las razones de su ausencia. Podemos dar lugar a la nominación de Cristiano quien marcó la misma cantidad de goles que Salah (44). Y el año brillante de Modric tanto siendo el eje del juego del Real Madrid como de Croacia en el Mundial.

excluyendo a Antoine Griezmann, con un año excelente en el Atlético de Madrid y campeón del mundo con la selección de Francia, la FIFA quiso hacer un reconocimiento a un jugador egipcio que sí, es muy bueno pero que aún no está en el nivel de sus competidores, tal vez por esa generosidad tan propia del máximo organismo del futbol de tratar de mostrar el reconocimiento a la diversidad cultural que muchas veces suena más a un eslogan que a un compromiso real.

Lionel Messi continúa mostrando que está en el apogeo de su carrera. Que no haya conseguido el éxito en el Mundial con su selección no empaña su gran año. Como capitán del Barcelona atraviesa un período que yo lo llamo ‘La soledad del crack’. Algo que les ha pasado a los grandes jugadores en ciertos momentos de su carrera. Diego Maradona por ejemplo en Nápoles. Él tuvo que sobreponerse a la falta de jerarquía de sus compañeros y se rebeló para guiar al equipo italiano a ganar cinco títulos en la era más gloriosa de su historia.

Es cierto que La Pulga está mejor acompañado en el Barcelona que Diego en aquel Nápoles. Pero aun así le toca vivir una experiencia nueva, que es liderar con el ejemplo y con la palabra a un grupo de compañeros. Y para lo cual creo que está plenamente preparado. Pero es una etapa llena de responsabilidades, en la que tendrá mayor participación en la toma de decisiones de su equipo. A esto me refiero con la soledad, a este momento tan significativo en el que el Diez deberá participar activamente en la toma de decisiones del Barca, sin el apoyo ya de Iniesta o Xavi. Pero sigue siendo, con o sin nominación a la terna de The Best, el mejor jugador del mundo.

En la nominación de los premios al mejor entrenador de la temporada también se mezcla el agua con el aceite. Didier Deschamps fue campeón del Mundo con Francia, Dalic (finalista con Croacia) y Zinedine Zidane (campeón de la Champions). No se puede comparar el prestigio de uno u otro entrenador solo por el éxito deportivo. Un entrenador no es bueno solo porque gana. Se hace más fuerte en una carrera, en el recorrido de su aprendizaje y sus intervenciones para mejorar a un grupo de jugadores. Y esto no es evaluable ni en un Mundial ni en una Champions sino más bien en las Ligas. La Champions y el campeonato del mundo son lindos, apasionantes.

Grandes espectáculos para los espectadores y para el mundo de los negocios. Pero nada tienen que ver con hacer mejor a un entrenador solo porque logran el éxito. ¿Cómo se evalúan las intervenciones en un equipo? ¿Es mejor un equipo que gana en tanda de penales o el que sostiene una idea de juego durante un torneo? Y si le toca quedar eliminado por diferentes circunstancias, incluso por la lesión de un jugador importante, ¿la gestión del entrenador sobre la plantilla es peor? En estas competencias se juegan partidos en las que intervienen muchos factores, incluso la suerte. Sino recordemos el partido del Barcelona frente a la Roma, o el del Barcelona con el Inter de Mourinho. Un partido se puede perder. Pero donde se ve el trabajo, la mano del entrenador, su capacidad de gestión para potenciar lo bueno y corregir lo malo es en las Ligas.

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