Opinión
El combate del siglo

Nico Williams durante el partido contra el Barça en San Mamés / Dani BARBEITO / Sport
A mi derecha, Luis Díaz, 178 cm, 68 kg. Luis es una mezcla perfecta de Neymar versión costeña y un cantante de reguetón a punto de sacar sencillo. Es como ese primo desgarbado que juega con vaqueros en el descampado del barrio que luego te ridiculiza con dos bicicletas y una gambeta dejándote sentado en el barro. Y a mi izquierda, Nico Williams, 181 cm, 72 kg. Con piernas de velocista, espalda de triatleta, look de influencer y sonrisa a lo Sidney Poitier, Nico parece diseñado por el mismísimo creador de Fortnite como personaje para superar pantallas a la velocidad del viento.
¿Luis Díaz o Nico Williams? ¿A quién fichamos para que desborde por banda, amargue a los rivales, deleite a los aficionados, abra las defensas, y de paso ayude a mantener ese Flow que desespera en Madrid? El colombiano brilla en Inglaterra como los escaparates en Oxford Street, que tienen luz y desprenden brillo pero no sabes si lo que venden, realmente lo necesitas. Luis presiona, guerrea y regatea, corre, marca y baila, de todo ello no hay duda, pero adaptarse a este Barça es más neuronal que físico. Y es que en el Barça de Flick, hoy es más importante “entender” que “correr”. El español (que eso, en el fair play, cuenta más que un gol en el minuto 90) cree por fin que ya ha pagado su deuda emocional con el Athletic y tiene ganas de salir del caserío para venirse a tocar la pelota al primer toque con sus amigos. Nico no corre, vuela, tiene siempre propósitos perversos, y trabaja, asiste, centra y combina, pero, sobre todo, piensa. ¿Revolucionario? No sé. ¿Útil? Muchísimo.
¿Qué es lo que más me seduce de Nico? La compatibilidad demostrada con todo el “Clan de Port Aventura”. Nico y Lamine, Nico y Balde, Nico y Pedri, Nico y Fermín, Nico y Cubarsí… se complementan como Xavi e Iniesta, como Messi y Alba, como Flick y una sonrisa, como Laporta y una rueda de prensa improvisada. Uno abre, el otro rompe. Uno mira, el otro ejecuta. Magia de cerca sin efectos especiales.
¿Con que púgil me quedo? Funcionan los dos por motivos diferentes, pero Nico enamora, y ya saben que el terreno del corazón, a mí, me vence y convence. Ficharlo a él sería una declaración de principios: En este momento no necesitamos linaje, necesitamos encaje. Y Nico, seamos serios, no solo encaja. Encanta.
Conclusión: Luis es puro lujo. Nico es concordia. El colombiano es una bufanda de seda para una noche de verano; el navarro, un buen abrigo para el invierno crudo que nos espera. Y en este Barça congelado por la deuda y el frío institucional… Dame abrigo. Dame Nico.
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