La gran decepción

Un club grande con un equipo pequeño

OPINIÓN

Alfredo Martínez

@Alfremartinezz

Hubo un tiempo en que ante la inestabilidad institucional, casi permanente en este siglo, en el Barcelona se acuñó la frase recurrente de que el equipo sujetaba a la institución y que los títulos que se conquistaban, que eran habituales, mantenían a los presidentes pese a las cruentas batallas por el poder. Incluso un triplete, en plena decadencia del mandato de Bartomeu, le permitió ser reelegido con cierta holgura. Ese era el poder de los jugadores. Salvaban presidentes. Aquello ya pasó a la historia, las tornas han cambiado y ya no queda nada de aquellos campeones que sujetaban la institución.

El Barcelona es como un antiguo heredero rico de cuna, que vive en su rutilante castillo deteriorado por el paso del tiempo y la falta de reformas, que come con cubertería de plata y posee cuadros caros pero que a duras penas llena el plato de comida. Y lo que es peor, vive de los recuerdos de una infancia alegre y feliz. Debe tratar de sobrevivir y con la dignidad que su abolengo le da. 

ESTA ES LA REALIDAD

El heredero no tenía dinero para mantener la imagen del club y de la familia aristocrática y decidió vender y regalar cuadros y jugadores para mantener el castillo. Pero calculó mal. Vendió a los Messi y Griezmann porque no los podía pagar a sabiendas de que para empezar la temporada no tenía ni dos delanteros por culpa de las lesiones. Fue un error de cálculo pero obligado por una situación económica calamitosa. Es verdad que no había dinero, pero el noble no acepta que los tiempos gloriosos pasaron y que ahora toca convivir con la plebe, ser casi uno más. ¡Quién le ha visto y quién le ve! ¡Si sus antepasados levantaran la cabeza! 

No había dinero para fichar, pero la calidad de los fichajes y lo que aportan es cuando menos dudosa. Se ha formado un equipo pequeño, menor, para defender a una institución gigante, enorme y con un pasado gentil.

Incluso el Barcelona paga el peaje de un club deteriorado que hasta los nuevos fichajes siempre parecen menores en el club, no lucen igual que en el escaparate en el que los compraron. Frenkie de Jong es menos de azulgrana, Dest no progresa en la banda, Griezmann parecía el hermano del del Atlético, Coutinho se quedó en Anfield y Dembélé se rompió antes de empezar a disfrutarlo.  

Para colmo, el mayordomo neerlandés que siempre tenía la familia ha envejecido, inadaptado a los tiempos modernos y comete errores. No ayuda mucho, al contrario. No saca brillo al poco valor de las cosas que tiene y acrecienta la sensación de decadencia de la institución.

Solo cabe aferrarse a los jóvenes valores que despuntan y que empujan y que llegarán… pero no se sabe cuánto tardarán ni cuántos llegarán a la élite. Esa es la cruda realidad del Barcelona actual y cuanto antes se sea consciente de lo que toca vivir, acostumbrarse a vivir sin los lujos del pasado, menores serán las decepciones que llegarán.

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