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¿Un club en Bolsa es buen negocio?

Los jugadores del Cádiz celebran un gol con su afición en el Nuevo Mirandilla

Los jugadores del Cádiz celebran un gol con su afición en el Nuevo Mirandilla / EFE

En un deporte que cada fin de semana te expone al juicio de miles de personas, quizás salir a Bolsa no es de las mejores ideas cuando eres un club de fútbol. En el pasado hemos visto cómo una no clasificación para tal eliminatoria de la Champions League ha evaporizado decenas de millones de euros en el valor de un equipo, o cómo lo recupera al poco tiempo porque anuncia un fichaje de campanillas. Por eso sorprende el movimiento del Cádiz CF con el debut de una filial suya en el Nasdaq. Una operación singular en el fútbol español, pero que invita a preguntarse si cotizar en Bolsa es un buen camino para un club.

Las lecciones que enseña el Cádiz

De primeras, una lección que nos enseña el club gaditano. O dos. Por un lado, que mejor si puedes evitar que sea el equipo de fútbol el que se somete al escrutinio de los inversores, e incluso que esa compañía sea difícil de asociar el escudo sólo por su nombre. Por el otro, que especialmente en el deporte es muy relevante que cualquier negocio incluya activos tangibles, que se puedan tocar y no sólo sean una promesa de futuro.

Si a ustedes les dicen Nomadar probablemente no les viene ningún nexo con el Cádiz CF, pero el club posee el 70% de una compañía cuyo principal activo es el desarrollo de un proyecto inmobiliario vinculado al deporte y el entretenimiento, complementado con la explotación de la metodología del club y la marca del Mágico González, entre otros. Eso ha hecho que sólo un pequeño trozo del equipo de LaLiga valga ahora unos 100 millones –¡llegó a valer casi 200 millones en su debut!-, casi lo mismo a lo que los inversores valoran un club entero de la zona medio-baja de Primera División.

A la espera de ver si realmente la Bolsa era el mejor camino, la fórmula escogida busca claramente aislar el proyecto empresarial de los vaivenes deportivos. Porque si algo ha demostrado la historia es que los mercados castigan rápido una eliminación o una mala racha. La Juventus y el Olympique de Lyon son ejemplos claros de cómo el resultado del domingo afecta al valor del lunes. O el frustrado debut en el mismo Nasdaq de Barça Media, que no encontró inversores a la valoración de 1.000 millones que se buscaba con su promesa digital.

Una apuesta arriesgada

Pero esta apuesta no está exenta de riesgos. Desde ahora, la gestión se mide en tiempo real y cualquier retraso o incumplimiento pesará doble. Ya no se trata solo de convencer a los aficionados, sino también a los inversores. El precedente del Intercity es claro: salió a Bolsa como club y su acción se ha hundido un 95%. La falta de estabilidad deportiva arrastró el proyecto entero, que ahora busca una segunda vida, precisamente, con un proyecto inmobiliario.

¿Podría ser este el camino para otros clubes? Personalmente, sigo viendo más inconvenientes que ventajas. Es un negocio ya suficientemente expuesto como para añadirle la presión diaria del mercado. Y el fútbol, lo queramos o no, sigue siendo emocional. La Bolsa no. Si te equivocas, no hay VAR que te salve. Y, para bien o para mal, aún hoy existen inversores con apetito de fútbol.

El baile de camisetas

Todavía no hemos llegado a Navidad, que hay dos clubes que ya han decidido que la próxima temporada cambian de patrocinador técnico, un anuncio que suele intentar frenarse hasta pasada la Navidad para no frenar las ventas. Y, de momento, Macron va camino de ser uno de los perdedores del clásico baile de camisetas. La empresa ya ha perdido a dos de sus principales socios en LaLiga, cada uno en una categoría: el Cádiz CF se pasa a Kappa y la Real Sociedad está por ver.

Un doble golpe simbólico, pues ambos figuraban entre sus embajadores más visibles en Segunda y Primera División. Este se produce, además, tras un verano en el que ganó peso en Segunda con los ascensos de AD Ceuta y Cultural Leonesa, por lo que todo podría deberse a un tema de cuánto paga por los equipos de gran masa social y, también quizás, áreas geográficas donde quiere crecer. ¿Quién le comerá terreno?