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La clave del Barça: cómo detectar el talento

Deco analiza la plantilla actual del FC Barcelona

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Quien no tiene verdadera pasión por el fútbol está demasiado enfocado en el resultado. Sale contento del partido solo si su equipo ha ganado y no disfruta realmente de lo que representa este deporte, de cómo enriquece nuestras vidas y de la distracción tan agradable que nos proporciona.

En general, los aficionados sufren demasiado. En vez de venir al estadio o sentarse delante de la televisión para disfrutar del partido, priorizan únicamente el marcador y no la visión de las jugadas, los goles o la “magia” que ofrecen los futbolistas. Sobre todo, esos grandes talentos que constantemente nos sorprenden con sus fantasías y creatividad dentro del terreno de juego.

Para poder disfrutar hoy de futbolistas tan talentosos como Lamine, Pedri, Cubarsí, Gavi, Fermín, Bernal, Olmo, Eric, Gerard Martín, Araujo, Balde o Casadó, previamente el club ha realizado un enorme trabajo de detección, captación y formación. No solo se trata de fichar jugadores jóvenes, sino de identificar correctamente su talento y trabajar con ellos para desarrollar su calidad técnico-táctica, mental y física hasta convertirlos en grandes futbolistas.

¿Cómo se detecta realmente a un jugador talentoso?

Lo primero y más importante es tener ojeadores y scouts con verdadera pasión por el fútbol. Para descubrir a un futbolista joven con talento, el club necesita scouts también con talento, con un ojo “clínico” capaz de detectar calidad real a edades tempranas. Es clave definir cuanto antes el potencial del jugador, analizarlo en profundidad, “bucear y no surfear”, y recomendar rápidamente su incorporación. Porque si eres lento en este proceso, otro club puede adelantarse.

Existen scouts que necesitan ver al joven futbolista jugar muy bien para detectar su nivel, y otros que, simplemente observándolo, independientemente del partido que haga, son capaces de ver la calidad que tiene. Estos últimos suelen ser mucho más productivos para el club.

Identificar el talento técnico, táctico o físico es muy importante, pero si la capacidad mental, la personalidad, la ambición o el carácter ganador no están al nivel requerido, ese talento tendrá muchas dificultades para crecer y consolidarse en la élite. Un scout profesional debe ser capaz de detectar también esos detalles invisibles.

Talento técnico, táctico y físico

Técnicamente, independientemente de la posición, hay cualidades fundamentales que deben aparecer en el jugador talentoso. Se busca una exquisita técnica ejecutada con facilidad, como hacía Iniesta; controles orientados preparados para la siguiente acción, como Xavi u Olmo; conducción con las dos piernas sin prácticamente mirar el balón y con la velocidad adecuada, como Rashford o Fermín; regate y desequilibrio en espacios reducidos, como Lamine; precisión en el pase corto y largo, como Pedri o Gavi; golpeo potente y preciso, como Ronaldinho; centros laterales tensos y bien ejecutados, como Raphinha; dominio del juego aéreo con anticipación, como Piqué o Cubarsí; o facilidad para desequilibrar en duelos individuales, como Messi o Rashford.

Pero sobre todo, no se trata de correr más, sino de hacer todo técnicamente más rápido con balón, algo que define perfectamente la filosofía de La Masia.

Tácticamente, la movilidad inteligente es clave con o sin balón. Se valora mucho la polivalencia de jugadores como Eric Garcia, Gavi, Olmo, Cancelo, Kounde o Rashford; la capacidad de recibir perfilado y decidir antes de controlar, como De Jong; la visión de juego de Pedri; la lectura táctica y el criterio de Casadó; o el timing y ritmo de Bernal. También son fundamentales conceptos como interpretar transiciones, saber jugar de cara y de espaldas, atacar espacios, hacer coberturas, permutas o incorporarse desde segunda línea en el momento adecuado.

Todo esto debe ejecutarse con velocidad mental: pensar, ver y actuar rápido. Y precisamente ahí la metodología de La Masia insiste muchísimo, algo que se percibe claramente cuando los canteranos llegan preparados al primer equipo.

En el aspecto físico, el joven futbolista debe ser coordinado, equilibrado y ágil, como Balde; rápido con o sin balón; fuerte en el contacto; capaz de cambiar de ritmo y de dirección sin perder control corporal. Evidentemente, en posiciones como extremos, laterales, centrales o delanteros es esencial la velocidad. En los centrocampistas quizá no es tan prioritaria, aunque si los interiores ofensivos son veloces, mucho mejor.

En La Masia también se analiza mucho qué jugadores destacan solo por una maduración física temprana y cuáles realmente tienen una evolución técnico-táctica importante. Muchos de los que llegan al profesionalismo no eran necesariamente superiores físicamente de jóvenes, sino que destacaban por movilidad, intuición, anticipación y lectura de juego, como sucedía con Busquets.

La personalidad, determinante

Y finalmente aparece el aspecto más determinante: la capacidad mental y personal. Tener calidad técnica y física no basta para llegar a la élite. Es imprescindible poseer pasión por el fútbol, como Gavi o Lewandowski; valentía para asumir riesgos; espíritu luchador, como Araujo; perseverancia, como Gerard Martín o Ferran Torres; rendimiento en grandes partidos, como Joan Garcia; capacidad para sumar en el grupo, como Rony Bardghji o Szczesny; humildad; mentalidad colectiva; y madera de líder, como Cubarsí o Eric.

La personalidad se trabaja día a día en La Masia y, en los últimos 30 años, he visto grandes talentos que no cumplían con estos requisitos personales y nunca llegaron a consolidarse en el Barça pese a tener una calidad técnico-táctica excelente.

En el fútbol actual, sin cumplir estas exigencias personales, no es suficiente tener gran capacidad futbolística. Hay muchísima presión: del club, de la afición, de los medios de comunicación y de la propia autoexigencia del jugador. Por eso es imprescindible que el talento esté equilibrado y muy preparado mentalmente para competir al máximo nivel.

Porque al final, la personalidad es la que marca la diferencia entre los jugadores de élite y la continuidad en el rendimiento.