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Griezmann y Messi, en el entrenamiento de esta mañana

El Clásico empieza a jugarse con una mirada

OPINIÓN

Bojan Krkic

Cuando jugué en Italia y se jugaba un Roma-Lazio, percibí desde el primer momento que, sin ser desde el inicio un aficionado de la Roma, te contagiabas del ambiente en parte gracias a Totti. No era una persona de muchas palabras. Hablaba poco. Pero recuerdo un detalle de líder que me marcó: cuando acabó el calentamiento y regresábamos al vestuario dio la mano uno a uno, sin decir nada. Solo miraba fijamente. Ahí te dabas cuenta de que aquel partido iba mucho más allá, trascendía al encuentro. La gente como él, de la casa, atrae a quienes no lo son.  

El clásico se juega desde semanas antes de que se dispute, es un partido que va más allá de los tres puntos. Sobre todo el de la primera vuelta, cuando todo está aún por decidir. Eso en el Barça. En Roma, cuando llegábamos, nos decían que, conscientes de que era muy difícil ganar la Liga, lo más importante de toda la temporada era ganar los dos derbis contra la Lazio. En el Barça no tal cual así, pero pasa similar. Antes de ese tipo de partidos no se habla mucho, los jugadores están muy concentrados, saben que están cerca de algo grande.

Recuerdo especialmente el 2-6. La última vez que habíamos ido a Madrid habíamos perdido 4-1. Fue doloroso y no queríamos que se repitiera. Recuerdo que justo antes del partido, estábamos en el hotel de concentración Puyi, Geri, yo, etc. Estábamos sentados, merendando… De repente llegó Pep tocándose con el índice y el pulgar la nariz, acompañando el gesto e insinuando que estábamos muertos de miedo, por decirlo suavemente…  Él, obviamente, fue mucho más explícito, pero ahí nos activamos todos, picados por el gesto de nuestro entrenador. Entendimos que había que jugar con seguridad para ganarlo sí o sí.  

En pocos días llegará el Real Madrid y todos y cada uno de los futbolistas saben, porque lo sienten o porque quienes lo sienten así lo han transmitido, que no es un partido cualquiera. Es un partido que hay que ganar. He jugado el Roma-Lazio, el Milan-Inter, el Ajax-Feyenoord, pero es incomparable a un Barça-Madrid. Es como un Boca-River, todo el mundo sabe que ese día se juega. No solo lo quieres ganar por ti, también por la afición, porque sabes lo feliz que puedes hacerles. Como jugador y como aficionado a la vez es algo muy grande.

En la actualidad o en mi época como jugador, el Barça ha ganado muchos, pero cuando yo era niño no era así. Por eso para mí era tan importante ganar al Madrid.  Hoy en día el Barça cuenta con la ventaja de Messi: sabe qué partido juega, sabe cómo se juega y sabe lo qué significa. Y, además, es el mejor. No solo por lo que es capaz de hacer, también por su forma de vivirlo, involucrando a todos sin expresarlo con palabras. Ver la mirada de los jugadores importantes antes de un partido así da muchísima seguridad a todos.

SI TENÍA QUE SER, QUE FUERA DE LA CANTERA

Ansu Fati es, desde el pasado martes, el jugador más joven del Barça en marcar en un partido de Champions. Hasta ese momento lo era yo, pero tengo muy claro que nada es para siempre, que siempre habrá alguien que ocupe tu lugar. Lejos de afectarme, me alegré mucho porque quien me había arrebatado ese récord, que me ha durado once años y un poco más, es alguien, además, que ha crecido en la cantera. Ansu me recuerda a mí cuando llegué al primer equipo porque es joven y se le ve esa ilusión que compartimos todos los que hemos crecido en La Masia por vivir el presente y estar cumpliendo tu sueño.

MI SEMANA EN MONTREAL

Coincidí con Thierry Henry en el Barça y fue mucho más que un compañero para mí. Ahora será mi entrenador en Montreal y no puedo estar más contento. Tener a alguien que puede enseñarme tanto es un honor. Es uno de los mejores delanteros de la historia,  compartí buenos momentos y espero seguir haciéndolo ahora en Montreal.

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