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Dembélé

El claro mensaje de Dembélé en la final de la Supercopa

OPINIÓN

Ernest Folch

@ErnestFolch

El fútbol es el deporte más caprichoso. Hay muchos destinos que cambian de golpe por un partido, un simple gol, un pequeño instante. La meritoria Supercopa que conquistó el Barça de Valverde se recordará por el histórico título 33 de Messi, la parada de Ter Stegen, la primera final con VAR y fuera de España... pero también por el primer gran partido de Dembélé vestido de blaugrana, que culminó con un trallazo descomunal que valió un título. Lo mejor es que el gol pareció una consecuencia lógica del estado de ánimo que mostró a lo largo del partido: participativo, ambicioso, rápido y, por primera vez, con capacidad de asociarse con sus compañeros.

Tras una primera temporada decepcionante, con lesiones, vaivenes y un juego inseguro, y tras un Mundial en el que pareció un invitado de piedra, en Tánger vimos por fin al Dembélé por el que suspiraba el club cuando lo fichó. Harán falta, por supuesto, más partidos para confirmar que estamos ante la deseada “explosión” a la que solo llegan los grandes cracks, pero el primer destello que Ousmane mostró el pasado domingo es muy significativo y tiene un enorme valor, porque ha aparecido en el que era su peor momento: cuando el club, como contó SPORT hace una semana, estaba preocupado por su encaje en el equipo, y justo cuando él habìa filtrado su descontento por el fichaje de Malcom. Y es indudable, como mostró con su efusiva celebración del gol, que su partidazo del domingo es un golpe encima de la mesa, y su particular forma de anunciarnos a todos que en el Barça no ha venido para estar de paso.

El mensaje fue muy claro: quiere triunfar aquí. La mejor noticia es que el futbolista francés haya sido capaz de convertir en fútbol de verdad el monumental cabreo que llevaba dentro en las últimas semanas. Solo los privilegiados logran transformar en fútbol los demonios que los persiguen, como ha demostrado Messi tantas veces en su carrera. De momento, lo que está claro es que el Dembélé enfadado es mucho mejor que aquel chico tímido que llegó desconcertado hace solo un año.

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