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Una Champions con formato Flick

Flick, en titulares: "Paso a paso, hay que respetar al Copenghague"

Flick, en titulares: "Paso a paso, hay que respetar al Copenghague"

Hansi Flick no es hombre de calculadoras ni de especular con el empate. Al técnico alemán le gusta la nueva Champions por una razón genética: premia al equipo que no sabe frenar. Mientras otros entrenadores aún suspiran por la seguridad de la fase de grupos tradicional, Flick ha ‘comprado’ el nuevo modelo porque es el espejo de su propia propuesta futbolística.

En un formato donde la diferencia de goles es el primer criterio de desempate para evitar el play-off, los cambios ya no son para “perder tiempo”, sino para mantener el cuello del rival apretado hasta el minuto 95 y activar el mantra de toda la fase de liga: “Queda prohibido el unocerismo”. Es ilusionante escuchar a un entrenador decir con naturalidad que ama un formato que exige competir al límite cada jornada.

Este formato obliga a ir a por todas porque especular sale caro. Flick lo sabe y por eso exige que los cinco jugadores que entran desde el banquillo mantengan el mismo nivel de agresividad que los que empezaron. En el fútbol actual, y más en esta Europa de liga única, el partido se decide por físico y por fondo de armario. Si el Barça quiere estar entre los ocho mejores, no puede permitirse bajar el pistón a los setenta minutos. Los cambios no están para dar descanso, sino para refrescar la presión y seguir castigando al rival hasta el final.

La realidad es que el Barça lleva años sufriendo en Europa porque no aguantaba el ritmo de los grandes. Con este modelo de competición, si te duermes, te pasan por encima tres o cuatro equipos en la clasificación en una sola noche. Flick ha inyectado esa mentalidad de no mirar el marcador y seguir atacando, algo que en el Camp Nou se agradece después de tanto tiempo de dudas. La diferencia de goles puede ser la que te mande a jugar una eliminatoria extra en febrero o la que te dé un mes de respiro.

Si el Barça de Flick termina de asimilar este modelo, dejará de ser un invitado que sufre en Europa para ser el equipo que marca el ritmo del continente. Ante el Copenhague, la misión no es solo ganar, sino demostrar que el club ha entendido, mejor que nadie, de qué va esta nueva era: una competición donde gana el que más busca el área contraria y no el que mejor sabe esconderse.