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La Champions, cuestión de estado

Atlético y Arsenal buscan una plaza para la gran final de la Champions

Atlético y Arsenal buscan una plaza para la gran final de la Champions / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

Estos días los béticos andan echando números a una cosa a la que antes nadie prestaba mucha atención: el coeficiente UEFA de las ligas nacionales. Sin embargo, la pelea por la plaza extra de la Champions League ha hecho que muchos miremos cómo ese dato revela una realidad que ya hemos comentado aquí: LaLiga y Bundesliga son las únicas competiciones domésticas que pueden sostener el pulso y disputarle algo a la Premier League. La duda es: ¿cuál de las dos logrará adueñarse de esa segunda posición en el largo plazo?

El sistema de coeficientes de la UEFA premia a las ligas cuyos clubes avanzan más lejos en Europa. Y eso no depende solo de tener uno o dos gigantes, sino de construir una clase media capaz de competir de tú a tú con sus equivalentes en otros países. Porque cada ronda superada no es solo prestigio deportivo y estar un paso más cerca de la gloria, es también dinero y más plazas en el siguiente ciclo. Hoy en Sevilla se anima al Rayo Vallecano y al Atleti como nunca.

En ese contexto, el fútbol español ha dado pasos importantes. Con el Atlético de Madrid consolidado en la élite, el reto pasa ahora por que uno o dos clubes más den el salto. No para igualar a Real Madrid o FC Barcelona, sino para competir en su propia liga de ingresos con equipos de la Premier, Bundesliga o Serie A. Ahí, los nuevos estadios y la capacidad formativa de clubes como Betis, Valencia, Celta o Real Sociedad pueden marcar la diferencia.

El ejemplo es claro. El Atleti está en disposición de disputarle al Arsenal FC una plaza en la final de la Champions con aproximadamente la mitad de presupuesto: en torno a 400 millones frente a 800 millones de euros. Si llega a la final, el David contra Goliat será idéntico al descrito. No se trata de igualar cifras, sino de optimizar recursos.

En Inglaterra, la lógica ha sido distinta. El Big Six aceptó en su día un reparto televisivo más equilibrado que ha fortalecido a su clase media. Eso ha hecho la competición doméstica más imprevisible y ha permitido que más clubes puedan competir por talento y avanzar en Europa. El coste ya lo conocemos: un modelo sostenido, en parte, sobre pérdidas relevantes.

Ahí está el equilibrio que deben encontrar las ligas. Para LaLiga, trasladar la incertidumbre del descenso —donde diez equipos aún pelean por salvarse— a la parte alta de la tabla. Para la Premier, mantener su dominio sin depender de déficits estructurales. Para la Bundesliga, ganar peso internacional para no perder terreno frente a España. Porque en esta carrera, cada plaza de Champions cuenta. Y cada plaza, en el fondo, es una cuestión de Estado.

La MLS quiere el talento joven

La MLS quiere acelerar la generación de talento propio. Eso requiere dinero -se habla de más de 150 millones de euros- y la entrada de un socio paciente como el gigante del capital riesgo KKR. La firma acaba de invertir en la MLS NEXT Pro como plataforma para desarrollar clubes, estadios y experiencia de partido. Y todo eso apunta a algo más ambicioso que una liga de desarrollo.

Estados Unidos lleva años entendiendo que el talento no solo se capta, se fabrica. Y para ello necesita estructura, inversión y narrativa local. Desde 2022, más de 250 jugadores han dado el salto al primer equipo de la MLS, validando el modelo.

El movimiento llega, además, en la antesala del Mundial 2026. Con 30 equipos y expansión en marcha, la liga refuerza su pirámide con el objetivo de producir talento propio y reducir dependencia exterior. No es solo fútbol base: es infraestructura de negocio a largo plazo.