El cese de Zubi y la ausencia de Messi, síntomas del caos

OPINIÓN

UN PANORAMA MUY NEGRO. Esto es el principio del fin. El Barça entra en una dinámica perversa que amenaza con arruinar la temporada en pleno mes de enero. El club es víctima de una directiva nefasta y de un presidente desacreditado que corta cabezas para intentar salvarse. La incompetencia en los despachos es manifiesta, falla la estrategia y se toman decisiones que siembran el desconcierto. El cese fulminante de Zubizarreta, que había hecho méritos más que sobrados para ser destituido hace tiempo, se ha hecho tarde y mal. Echarle la víspera de Reyes como represalia a su ataque al presidente en Anoeta demuestra claramente que han perdido los papeles. La marcha de Carles Puyol, que no lleva ni cuatro meses en el cargo, es otro síntoma de la descomposición interna del club. En quince días Bartomeu se ha cargado al director general y al director deportivo y ha puesto en su lugar a ejecutivos de su confianza sin ninguna experiencia en el mundo del fútbol. También deberá explicar lo que han costado al club estos ceses en forma de indemnizaciones millonarias. Y a todo esto, el verdadero problema del Barça, aquí y ahora, se llama Luis Enrique. La directiva le ha perdido la confianza y el presidente le tuvo que reclamar ayer explicaciones por el descalabro de San Sebastián. Bartomeu ya sabe que varios jugadores de peso discrepan del trabajo de su entrenador. En solo cinco meses, la relación entre Messi y Luis Enrique está tan deteriorada como cuando Guardiola decidió marcharse al perder la confianza del argentino.

DÍA DE MALAS NOTICIAS. La derrota de Anoeta está desencadenando una tormenta peligrosa. Ayer fue un día de malas noticias en Can Barça. Messi se borró del entrenamiento por una gastroenteritis más que sospechosa. Cuando Leo se cabrea, suele reaccionar así. Ya pasó en tiempos de Guardiola. Se repite la historia y esto es mala señal. El crack le ha perdido la confianza al técnico. No entienden el cambio continuo de alineaciones, que no haya charlas técnicas antes de los partidos, que no les explique las decisiones que toma. Verse sentado en el banquillo de Anoeta le sentó como un tiro. Se enteró dos horas antes del partido al dar a conocer la alineación. Neymar está en una situación parecida. La derrota ante la Real Sociedad no fue un accidente, fue la consecuencia de que nadie sabe a qué juega el Barça. Ni los propios jugadores. Luis Enrique se tiene que dar cuenta que este viaje a ninguna parte es un suicidio colectivo. El club está inmerso en un proceso destructivo de consecuencias imprevisibles. Si el domingo el Barça no gana al Atlético de Madrid, el Camp Nou puede explotar

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